En cuanto a cine, mi lema siempre ha sido: desconfía de Hollywood. Por eso cuando vi el trailer de Inception (El Origen), el cual no deja claro nada acerca de la historia, la película no me simpatizó.Escéptica, por necesidad social, fui a verla al cine. Y cuál fue mi sorpresa: me encontré con lo que para mí resultó la mejor creación que Hollywood -y el director Christopher Nolan- han hecho en los últimos años (apuesto a que se llevará más de un Oscar: por guión, director, dirección de arte, actuaciones o edición).
La trama se nos va revelando poco a poco, al principio es confusa pero se esclarece. Los personajes tienen cada quién su carácter y sin preámbulos sobre sus vidas sólo los conocemos por su manera de interactuar con los demás, a excepción de Cobb (Leonardo DiCaprio), cuya relación con Mal es el corazón de la trama, de la acción, de la explanación psicológica.
Se trata de ciencia ficción bien justificada con la realidad y con la época postmoderna. Ocupa términos de psicología tales como incersión, extracción, percepción, proyección, confrontación y hasta el psicoanálisis (irónico que el psicoanálisis lo realice una arquitecta).
También está comprometida con el diseño y la arquitectura, tanto visualmente -los espacios, los laberintos, las paradojas del vacío- como narrativamente -las capas de sueños, los tótems-; y tiene cierta relación con el arte, pues lo surreal es
imprescindible en una película sobre los sueños. Y es que formar estructuras oníricas pero desde la conciencia -no desde el inconciente como lo hacemos todos los seres humanos- es "creación pura", como dice la neófita arquitecta Ariadne (Ellen Page) en la película.Así el film termina siendo una mezcla de varias ciencias, pero también de artes creativas. Dentro de la rama artística converge a su vez algo de teoría literaria: como en literatura se habla de metaliteratura, aquí estaríamos hablando de metasueños, esa estructuración de un sueño dentro de otro. El guión es un texto literario congruente que contiene otro subtexto lleno de reglas (cuando mueres despiertas, etc.) y roles (el arquitecto, el químico, el extractor) que unen la realidad con el inconciente, la ciencia con la ficción y que la audiencia debe memorizar para adentrarse en el ambiente de la película. Por eso el filme pide una intensa concentración, una mayor capacidad de pensamiento y una decodificación de ideas complejas que no cualquiera llega a realizar.
En conclusión, una película inteligente que reclama la participación activa del intelecto del espectador.
Durante la función en Cinépolis, en las pocas ocasiones que pude despegar mi atención de la trama, pensaba que quizá más de la mitad de la sala no estaba comprendiendo la historia. Y no los subestimé, cuando prendieron las luces escuché por ahí un derrotado: "no entendí nada". Y es que se trata, en mi opinión, de una experiencia que satisface -además del amor por las películas de acción- la sed reflexiva de mentes a las que les gusta pensar demasiado.























