Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de febrero de 2018

Rumbo al Congreso de Literatura Mexicana Contemporánea

El 1, 2 y 3 de marzo estaré en el Congreso de Literatura Mexicana Contemporánea de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), ¿alguien irá? Me dará gusto verlos. 

Hace unos años participé con mi investigación “Desdibujamiento de fronteras en dos escritores norteños: Rafa Saavedra y Carlos Velázquez”, la cual publicaron en el número 71 de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, revista con un comité editorial de lujo que incluye a Elena Poniatowska, Federico Patán, Evodio Escalante, Julio Ortega, Samuel Gordon (a quien cito en mi texto) y muchos otros excelentes críticos, académicos y escritores. Si quieren leer el ensayo completo está en mi página de Academia: https://UTSA.academia.edu/ErikaSaid


jueves, 29 de diciembre de 2016

Rimboud y Bolaño.

En la novela Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño en boca de Ulises Lima comparte el poema "Le Cour Volé" ("El corazón robado") de Arthur Rimbaud y menciona el dato curioso de que l'enfant terrible lo escribió a raíz de un evento en su vida: cuando regresó a Charleville con la idea de unirse a la Comuna de París, se topa en el camino con un grupo de soldados prusianos que lo violan.

Ulises Lima (el personaje de Bolaño) dice que algunos de estos soldados prusianos eran veteranos de la guerra francesa en México (es decir, habían peleado en México antes de violar al joven poeta) y que el Caporal mencionado en el poema de Rimbaud, había sido enviado a Santa Teresa en Sonora y, caminando cerca de Villaviciosa (la ciudad ficticia de Bolaño), un grupo de mexicanos lo tomaron preso a él y su tropa, los torturaron y sodomizaron, siendo el caporal el único que logró escapar.

El hecho de que este Caporal haya sido más tarde uno de los violadores que marcarían para siempre a Rimbaud, creo que es una fantasía de Bolaño para poder relacionar al poeta francés con México, con la violencia mexicana, pero no sólo eso, sino que, según se inquiere de la historia que cuenta Ulises Lima, de no haber sido por los mexicanos que violaron al Caporal, probablemente el Caporal no hubiera guardado ese resentimiento, ni sentido el impulso de cometer aquellos actos bestiales, no hubiera abusado de Rimbaud y quizá Rimbaud no hubiera sido el genio, el loco que fue.

lunes, 5 de octubre de 2015

Después del eclipse

Compilado de fotos del Encuentro de Escritores Letras en la Frontera 2015 el pasado 24, 25 y 26 de septiembre. Más bien es un compilado de cómo experimenté yo el encuentro fuera de lo meramente literario. Fue un programa extenso, con mucha literatura para digerir, lo cual llega a ser pesado en tan pocos días. Muuuucha literatura, de diversos estilos y cortes. De entre más de veinte autores publicados, el poeta más joven tuvo 27 años, y el más viejo 70. Así que hubo de todo: tradición y ruptura, feminismo y chicanismo, poesía existencial y poesía amorosa, narco-poesía, literatura infantil, narrativa humorística, narrativa erótica y quizás más que no puedo recordar.
Fotos: Javier Tinajero
Hicimos visitas a escuelas por la mañana, por la tarde lecturas y por la noche los viejóvenes nos íbamos de fiesta. Tres días anduvimos en pie desde las 9 am hasta la medianoche (el viernes hasta las 5 am), pues no lográbamos fragmentarnos, queríamos seguir juntos. Fue mágico. Esta vez logré conocer profundamente a mis amigos, que en su mayoría son poetas, algunos narradores. Y en el proceso me conocí a mí misma. El viaje, desde mi perspectiva (todo es tan subjetivo siempre), cerró el domingo, cuando despedí a los dos últimos escritores después de haber tenido un asado en mi casa. El eclipse se desarrollaba y yo, sentada en mi porche mirando al cielo, fumándome un cigarro entendí que la literatura ha cumplido en mí un ciclo (o muere ella o muero yo) y que es hora de dejarla reposar para ir a explorar otros territorios, de arriesgar, aunque tal vez ya no vuelva a ella, aunque me aterre el fracaso, aunque la vida se me vaya en seguir buscando a quien verdaderamente soy. Y lo que no soy, es escritora.
Narradores (Foto en UNAM por Javier Tinajero)
Lit Joven (Foto en Our Lady of the Lake por Alfredo Ávalos)
Con Carlos Acosta y Juan Miguel Pérez (Foto: Javier Tinajero)
Rossy Lima autora de Aguacamino y yo (Foto: Gerald Padilla)
Con Horacio Mancilla y Javier Tinajero (Foto: Kenton White)
Alfredo Ávalos, organizador. Javier Tinajero y yo (Foto: Kenton White)
El crowd en Our Lady of the Lake (Foto: Gerald Padilla)
Autores que presentaron libros (Foto: Gerald Padilla)
Autoras de Fuego del Aire (Foto: Javier Tinajero)
Para cerrar actividades, la presentación de nuestro libro Fuego del Aire tuvo lugar en la biblioteca de Our Lady of the Lake University el sábado, con una introducción del editor René Rodríguez Soriano:
Editor introduciendo el libro (Foto: Carmen Rodríguez)

Rossy Lima, Miriam Maldonado, yo, Vanessa Torres y Gerald Padilla.
(Fotos: Javier Tinajero)



lunes, 21 de septiembre de 2015

Border Lit / Literatura Fronteriza

Ya empieza el encuentro de escritores Letras en la Frontera 2015 y yo participo en dos ocasiones (abajo los flyers): el viernes en Our Lady Of the Lake University y el sábado en la biblioteca pública de San Antonio.
Este año se unen escritores de Texas, California, México D.F., Torreón, Reynosa y Nuevo Laredo. Los eventos comienzan desde el jueves con la presentación de dos antologías en la UNAM-SA y visitas a preparatorias, el viernes se presentarán libros de diferentes autores en OLLU y el sábado habrá un taller de creación literaria, seguido de la presentación de nuestro poemario Fuego del Aire.

martes, 15 de septiembre de 2015

Alurista y la poesía chicana militante

Comentario escrito para mi clase de Literatura Chicana + dos poemas de este poeta emblemático. 
"Encontré en Youtube este video de una lectura en la que Alberto Urista, a.k.a. Alurista, se presenta en una biblioteca de California. Observarlo fue más interesante que leerlo. Primero, porque de por sí la literatura chicana nace de una poesía militante escrita retóricamente para declamarse en público y conmover a las masas. Segundo, porque al menos en el caso particular de Alurista, resulta difícil separar su persona de su obra, ya que su poesía es tan lúdica y transgresora, como lo es él en cuanto a figura pública: su forma de vestir, de hablar en dos lenguas, su comportamiento al presentarse ante la audiencia, su actitud de bufón que se mofa de los academicismos y las formalidades.
       La rebelión en contra de la sociedad burguesa tan propia de la posmodernidad y del chicanismo, se refleja también en el empleo inusual que el poeta hace en contra de las normas de la literatura. Esto es más evidente en su obra escrita. En ella enfatiza lo humano y lo artístico sobre lo académico y teórico, lo espontáneo y expresivo antes que la métrica bien medida y encorsetada
      No exenta de tintes políticos, con frases como “Zapatismo en Amerindia” o “Todo para todos, nada para nosotros”, toca temas de fascismo, racismo, capitalismo, a la vez que retoma la idea del mexicano no asimilado en Estados Unidos, así como otros asuntos propios de la imaginería mexicano-americana, al hablar de personajes como cowboys, charros, indios mayas, brujas. 
     Pero, a diferencia de sus predecesores, Alurista lo hace desde una postura contemporánea. Un ejemplo es esta frase en la que habla de los hijos de La Llorona, dándole un giro a la historia popular. En lugar de haberse ahogado en el río del pueblo, se ahogan en prácticas propias de nuestra sociedad actual: “Her children devoured by the computer”. 
       Así, este poeta refresca una tradición chicana que hasta los años 70 se centró en la poesía de tinte campesino. Alurista se aleja de los guiños al corrido mexicano y a la canción popular, para inmergir en un estilo vanguardista, en el que utiliza el Spanglish e inserta el náhuatl dándole un uso no-tradicional al lenguaje. Lo mismo hace al inventar neologismos como “anglosangronía”. 
      También prueba a experimentar con el formato de los poemas (caligramas, comas representadas por espacios en blanco, etc) e incluso con el formato mismo del libro-objeto, como sucede en "Floricanto" (título venido del término in xochitl, in cuicatl, que en náhuatl significa poesía), en donde se incluye arte visual. Este poemario fue el primer libro bilingüe inglés-español que se publicó en Estados Unidos y, como cereza del pastel, se imprimió en un empastado de dimensiones irregulares y diferentes a las de cualquier libro que se encuentra comúnmente en bibliotecas y librerías.
     Tanto la actitud ante la vida que este poeta adopta, como lo estrictamente literario de su obra, decantan en un estilo automático y espontáneo, que pasa a veces por sencillo o descuidado. Pero si se le observa minuciosamente, el lector encontrará que se trata de un escritor sumamente educado, cerebral, idealista, cuya poesía incurre en una ambición por innovar, a la vez que cumple con la finalidad social de hacer al lector consciente de la lucha de identidad por la que atraviesan los mexicano-americanos. Todo lo anterior da como resultando un producto literario bien acogido por la crítica, que se ha convertido en un estandarte de la poesía chicana posterior a él."





jueves, 18 de diciembre de 2014

Es que no basta leerlo, hay que vivirlo.













Hace años fui al festival Literatura en el Bravo en Ciudad Juárez. Me colé a la fiesta de bienvenida, donde estaban Juan Gelman, Ledo Ivo, Eduardo Antonio Parra, y muchos otros. Obviamente los escritores invitados eran una élite y ni pelaban al resto de los asistentes, así que terminé cotorreando con dos poetas jóvenes locales -según recuerdo eran hermanos-, y con un académico alemán como de cincuenta y tantos años, con quien hablé largo rato sobre literatura mexicana.

Se acabó la fiesta oficial. Los hermanos poetas y yo hacíamos planes para seguir tomando, el académico alemán escuchó y quiso venir con nosotros, fascinado con la idea de conocer la Ciudad Juárez que inspiró el 2666 de Roberto Bolaño.

Caminamos a un barecillo ahora extinto del Pronaf. A medida que la noche avanzaba, le íbamos contando al extranjero más y más historias terribles de la cotidianidad en la ciudad: secuestros, balaceras, colgados en el Puente Al Revés. Todo pasó del plano ficticio, de lo meramente narrativo, a la realidad: alguien se estaba peleando en el bar donde nos encontrábamos, recuerdo haber oído algo sobre una pistola, recuerdo el escándalo, gente movilizándose, nos sacaron del lugar. Caminamos unas cuadras por la calle, aún los poetas y yo poniéndonos de acuerdo sobre el siguiente bar que visitaríamos, pero el alemán, exaltado, se despidió y tomó un taxi a su hotel. Jamás lo volví a ver. Tampoco a los hermanos poetas.

Hoy estaba investigando a los profesores del doctorado en Letras Hispánicas y Portuguesas de la UCLA, ya que solicitar admisión para un Ph.D. en Estados Unidos no es cosa de juego: además de los innumerables requisitos de admisión, uno tiene que investigar a los catedráticos para decidir de antemano con quién deseará trabajar en caso de ser aceptado. Esa empresa me llevó a descubrir el interesante trabajo de investigación de un tal Marten van Delden, investigador y profesor de literatura hispánica en dicha universidad. Su especialidad de estudio es la literatura mexicana (es un "mexicanista", se diría en el mundo académico). Se despertó mi interés por trabajar con él, y cuando miré su fotografía hice la conexión: se trataba del mismo hombre con quien compartí la intrascendente aventura de aquella noche por Ciudad Juárez.

Más allá de repetir metáforas gastadas sobre el tamaño de este mundo y la ironía de la casualidad, o de hablar sobre cómo los temas de la ficción a veces se hallan graciosamente confluyendo en la realidad, me quedo con la pregunta: ¿contará esta anécdota para poner en mi carta de solicitud de admisión?


domingo, 4 de agosto de 2013

Desplazamiento espacial y temporal en "El Sur" de Borges.

El Sur es un cuento de Jorge Luis Borges que relata la historia de Juan Dahlmann, secretario de una biblioteca y nieto de un antiguo soldado de infantería. El título refiere al desplazamiento espacial que realiza el protagonista hacia el sur geográfico de la Argentina, el cual según se narra “empieza del otro lado de Rivadavia”, aunque a la vez se genera un desplazamiento temporal: “Dahlmann solía repetir que (…) quien atraviesa esa calle entra en un mundo más antiguo y más firme”.
Mientras que al principio del cuento todo sucede de forma realista, una vez que el bibliotecario sale del hospital, se comienzan a notar señales (o “errores”, como los llama Borges en su cuento Las Ruinas Circulares) las cuales sugieren que dentro de los hechos del cuento se abre una grieta en la realidad, por donde se cuela una realidad alterna: la imaginada por el personaje. Estos señalamientos, de los que se hablará más abajo, aumentan a medida que el personaje avanza hacia el sur, siendo el tren el encargado de transportar a Dahlmann a un pasado imaginario. 
De los dos planos, el espacial y el temporal (dice Borges: “En el taxi (…) Dahlmann pudo sospechar que viajaba al pasado y no sólo al Sur”), se desprenden temas como la muerte, los antepasados y el honor, presentes en la obra cuando se describe cómo Dahlmann experimenta nostalgia al comparar su identidad con la del abuelo, un ser al que él considera heroico. A raíz de este deseo de ser el otro, queda anulada la muerte que en realidad debió haber tenido: aquella en la cama de un hospital a razón de una contusión en la cabeza. En su lugar se produce una muerte similar a la del ancestro heroico. El protagonista, pues, se crea una serie de circunstancias que lo llevarán a morir en un duelo: “Si él (…) hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado”, dice casi al final.

La convergencia espacio-temporal, hace además posible que Borges explore en este cuento el tema del doble. En este caso, el doble se ve representado por la figura del abuelo, cuya historia se reproduce en la muerte de Dahlmann, y esto porque, desde el hospital se dice que “Dahlmann se odió, odió su identidad". A partir de este repudio por sí mismo y la admiración por el abuelo, se pone en marcha otra realidad, donde la personalidad de él se entremezcla con la del otro: “y es como si a un tiempo fuera dos hombres: el del sanatorio y el que va rumbo a la estancia”. También se dubplican algunos elementos con leves variantes, como la espada del abuelo, que en la muerte de Dahlmann será una daga, o el agresor de Dahlmann (un gaucho), duplicación de los indios que dieron muerte a su abuelo. 

El tema de la casualidad se observa en hechos como el mismo golpe en la cabeza, o bien, el hallazgo del tomo de Las Mil y Una Noches y la lectura del Martín Fierro (que son a su vez metatextos al servicio del cuento para darle una estructura de capas, un mundo dentro de otro, comprendido en la dialéctica de El Sur gracias al hecho de que Dahlmann era un amante de los libros). La causalidad, por su parte, se ve intervenida por lo maravilloso una vez que el personaje muere de la forma que él hubiera querido, entrando en juego su voluntad para desafiar al azar. Así, modifica la relación causa-efecto al no morir del golpe en la cabeza. 

La alucinación es otro rasgo propio de lo fantástico, que sirven para ilustrar la forma en que varias dimensiones se superponen, contaminación de la realidad por el sueño que en El Sur se muestra, como se explicó al principio de este trabajo, mediante señales intermitentes entre dos mundos: una de ellas es cuando Dahlmann nota que el patrón del almacén se parece a uno de los empleados del sanatorio. Otras, textualmente son, cuando se dice que: “creyó reconocer árboles y sembrados que no hubiera podido nombrar”, o “el coche era distinto, no era el que fue en Constitución” o cuando ve casas de ladrillo, pasar los trenes, jinetes en los terrenos, zanjas, lagunas, haciendas, nubes que parecían de mármol y dice que “todas estas cosas eran casuales, como sueños de la llanura”. Además, tal como sucede en los sueños, a Dahlmann “el mecanismo de los hechos no le importaba”, es decir, el mismo protagonista no buscaba una explicación lógica. El sueño, al ser un elemento de la psique del protagonista, se nutre de hechos que él ha vivido, hechos que terminan mezclándose con una realidad alterna, pero en el cuento, además, hay una convergencia entre pasado y futuro, por ello vemos signos anacrónicos como el gato que acaricia y que vive en la eternidad, o el hombre viejo que “estaba como fuera del tiempo”; el propio Borges explica “es un gaucho de esos que ya no quedan más en el Sur”. 
La sensación de estar en un mundo alterno no solamente se manifiesta dentro de la dialéctica del texto, sino que el fondo se corresponde con la forma, al usar Borges figuras retóricas como metáforas y comparaciones (“las calles eran como largos zaguanes, las plazas como patios” o el gato “como una divinidad desdeñosa”), personificaciones y prosopopeyas (“la ciudad se desgarraba en suburbios”), sinestesias (“el áspero sabor”). Hay otros elementos linguisticos interesantes, como palabras que dejan entrever inseguridad, proveyendo al texto de extrañeza y de sensaciones encontradas: “creyó reconocer al empleado del sanatorio”, “los de la mesa parecían ajenos a él”, “sintió que morir en una pelea...”; así como algunas frases que repiten las palabras “sueño”, “anacrónico”, “eternidad”, “viejo” (la espada, el gaucho, el daguerrotipo), “sur”, “muerte”, “humillación”, leiv motivs que van dibujando este relato que examina la atemporalidad, la espacialidad y la consciencia (o inconsciencia) de un personaje que no sabe que sueña una realidad ajena para evadir la vulgaridad de la suya propia. 

El cuento es sin duda fantástico, aunque resultaría difícil clasificarlo dentro de categorizaciones estructuralistas como la de Tzvetzan Todorov. Para Todorov lo “maravilloso” se rige por leyes ajenas a las del mundo que conocemos como realidad, por lo que El Sur cabría en esta clasificación por el hecho de que Dahlmann sigue teniendo consciencia aún después de muerto. Pero también podría ser “fantástico puro” al no dar una explicación concreta de lo que sucede y hacer vacilar al lector, dejando el final abierto a distintas soluciones. Otra interpretación lógica que sustentaría una tercera categorización bajo lo que Todorov describe como “extraño”, podría apuntar a que lo sucedido después del hospital, ocurre como parte de la alucinación propia de los convalecientes. Por tanto, al poderse insertar en cualquiera de estas tres categorías, es a su vez incategorizable. Por medio de este cuento Borges nos hace cuestionarnos sobre la relatividad de la realidad, sugiriendo que puede haber más de una versión de ésta, y ninguna tiene por qué ser errónea ni correcta, sino que, por el contrario, pueden convivir armónicamente.

           

jueves, 13 de junio de 2013

5 razones por las que eres un mal escritor.

Nadie es nadie para juzgar, pero muchas personas que van a talleres literarios asisten porque buscan una opinión sobre sus textos, aunque la mayoría busca un cómplice, alguien que les diga: "sí, está muy lindo tu poema, qué interesante tu cuento".
Antes de llamarte a ti mismo "escritor" y atreverte a dar tus textos a un lector o a una editorial, lo primero es escribir, escribir y escribir. Así que aquí van algunas razones por las que, creo yo, tus poemas o relatos son chafas o no molan (o de cómo ser un buen escritor): 

1. Eres flojo. 
Hay que admitirlo, pasas demasiado tiempo en Facebook compartiendo articulos de literatura -que ni tú has leído-, copiando y pegando frases de escritores en Twitter, pero, ¿cuándo fue la última vez que te sentaste a escribir un cuento o un poema? Ni hablar de una novela... ¿Hace una semana, un mes, un año?
Para mí, el escritor es esa persona enferma, que no puede dejar de escribir ni un día.
Si tú eres de los que van a los encuentros literarios a leer tu poemita de toda la vida (sí, aquél que le escribiste a tu novia de la prepa) y tomas mil fotos para que las vean tus conocidos en Instagram, pero puedes pasar más de una semana sin escribir un párrafo, mejor dedicate a otra cosa.

2. No lees.
Este es uno de los errores más cometidos. En un taller al que asistí, un compañero mayor dijo, súper orgulloso: "uh, yo he escrito mucho más de lo que he leído". FAIL. No, señor, eso no puede ser, ¿qué atrocidad nos da a leer si no tiene idea de cómo se escribe? 
Si realmente la literatura es una pasión (porque escribir es hacer literatura), hay que tomar nuestra inspiración de los grandes autores, aprender las reglas del juego, saber la historia de nuestro arte, tener nuestras influencias que bien pueden ser los clásicos griegos o lo más reciente de Enrique Vila-Matas, pero para confeccionar nuestro estilo propio, debe haber tela de dónde cortar.
 
3. Eres descuidado.
La palabra "texto" viene del latín "tejer". Escribir es hacer un tejido de palabras, diseñar, armar, perseguir la estética de lo que se escribe, a través de leerlo y releerlo hasta que estés contento con el resultado. Después el editor -o el compañero del taller- dará una segunda (re)visión, lo cual es crucial, pues se trata de una mirada desapegada al texto (a veces los escritores guardamos fidelidades al cuento que escribimos durante el viaje de nuestras vidas, sin darnos cuenta de que es aburridísimo).

Ser autocríticos. En cualquier arte hay elementos que no se deben dejar de lado, como el (buen) gusto que al menos tú y un par de otros freaks como tú han de compartir, la creatividad y la capacidad de imaginar. Para escribir, uno debe buscar hacer algo original, en lugar de copiarle el estilo a Sabines y clavarse con el Realismo Mágico como si no existieran cientos de movimientos más. Pero también es culminante convertirnos en nuestro propio verdugo cuando se trata de juzgarnos a nosotros mismos.

4. No sabes crear un cuerpo de trabajo.
No solamente en la literatura, sino en cualquier arte, debes ser organizado. Cuando un artista plástico tiene una exposición, hace una serie de pinturas que llevan elementos similares de forma que se conectan entre sí y conectan a la vez con un tema y un título. Esto es algo que a mí me tomó tiempo entender, pero como poeta es fácil, ya que por períodos de tiempo nos atormentan las mismas obsesiones y, sin querer, vamos creando una serie de piezas que comparten un tema.
Es un desafío más grande con la narrativa, pero se puede lograr si uno sabe bien qué es lo que quiere comunicar, y trabaja duro por sacar un cuerpo de trabajo "totalitario" en lugar de una ensalada de temas o estilos. No es que la ensalada no venga bien, a todos nos encanta la variedad, pero igual habría que organizarla bajo un título atractivo que remita a lechuguita y aderezos que nada tienen que ver entre sí, pero saben deliciosos cuando se comen juntos.

5. Estás demasiado preocupado por publicar.
Emily Dickinson dijo que "publicar no es parte necesaria de un destino literario", porque la escritura es una cosa, y el querer ser un rockstar con tus libros, es otra. 
El problema es que, en lugar de salir a la calle a vivir las experiencias que te inspiran a escribir, o de leer, ¡o de escribir!, pasas horas buscando convocatorias para concursos y publicaciones en antologías, gastas dinero y fuerzas en juntar material y enviarlo por paquetería al Sistema Nacional de Becas, donde compites con miles de escritores como tú. ¿Y adivinas quién se sacará esas becas, quien será publicado en la editorial de tus sueños? El que se pasó perfeccionando su técnica y escribiendo durante las mismas tardes que tú dedicaste a buscar concursos en Google.
Ese escritor que invirte todo su tiempo en una sola novela, en un solo poemario, para tratar de crear su obra maestra, se dará cuenta que por sí solos llegan los premios y las ofertas de publicación.

miércoles, 18 de abril de 2012

La poesía en tiempos de Internet.

De unos años para acá me he estado preguntando sobre la rentabilidad de la poesía, luego de que en mis días universitarios escuchara por primera vez una discusión pesimista sobre el futuro de ésta (rebatido en aquél momento por David Huerta), donde se decía que la poesía desaparecería, que la misma función para la que nació hace miles de años, la desempeñaban entonces la música, el cine y los medios de comunicación. No sólo eso, sino que más tarde, la constante invención de hobbies impulsados por las redes sociales o los videojuegos, y el poco tiempo del hombre y la mujer modernos para sentarse a leer un poema -entre empleo, familia y vida social-, paulatinamente iban a acabar con el consumo y la utilidad de la poesía.
Bueno, ésto sí que sucedió. Las editoriales hacen tajante el hecho de que no hay mercado para ella: los libros de poemas no se venden y la única poesía que tiene un mercado fiel es la que se escribió hace décadas o siglos. Pero eso sí, aún hay miles de "poetas" que a niveles locales consiguen tener lectores entre sus conocidos y publican libros en auto-ediciones o editoriales independientes, las cuales más bien son "imprentas" porque no logran la función de distribuir exitosamente la obra.
Así que es un hecho: la poesía está en crisis. Tiene muchos años en crisis y si no hacemos algo, seguirá en crisis.
Habríamos de pensar entonces, que más allá de las circunstancias evolutivas de una sociedad adaptada y dependiente al infinito mar de información y entretenimiento que es el Internet, hemos sido los mismos poetas quienes dejamos morir a nuestra industria.
Últimamente leo poetas contemporáneos malos, aburridos, arcáicos y cursis. Últimamente veo "escritores" que no leen, o peor aún, ¡que no escriben! Que han publicado o auto-publicado un mal libro y se conforman con reeditarlo para repartírselo a sus compas en encuentros y congresos que sólo son una excusa para emborracharse o pasear.
Pero dejando de lado las acusasiones, mi propuesta para un cambio comenzaría en refrescar la forma en la que hacemos poesía, es decir, hacerla contemporánea, divertida, placentera de leer y, por supuesto, de calidad, aunque nos cueste toda una vida. En el supuesto de que queramos ser leídos (pues aquí no cabría el cliché de "yo escribo para mí mismo"), hay que dejar de escribir solamente para otros poetas y fijarnos en el lector promedio, escribir inteligentemente sobre temas que masajeen sus mentes y a la vez les dén el mismo nivel de placer que una canción o que ver fotografías en Facebook.
Dijo el poeta Luis García Montero: "La poesía debe buscar su profundidad en la realidad, en el lenguaje de todo y hablando no como elegidos de los dioses, sino como ciudadanos que tienen una mirada preocupada, en ese sentido, cuando la poesía se preocupa por la gente, la gente se convierte en lectora de poesía".
Ésa es la clave. Darle color y vitalidad a nuestra poesía -como los gringos, que reviven el ánimo poético con el slam poetry-, reinventar los clichés, hablar del hombre que da el clima en la televisión, de la contaminación en el Atlántico o del rock, pero tal como en la narrativa, hacer que la poesía se venda a sí misma, pues hoy en día le sucede lo que a las religiones, las cuales muchas veces no van acorde a las necesidades de la sociedad. Son anticuadas, incongruentes y caen en desuso.
La segunda serie de sugerencias, y sólo después de haber lidiado con la primera, sería ganarle la competencia a todas las distracciones anteriormente enlistadas. Por ejemplo, ganarnos un lugar en televisión nacional no estaría mal (en tiempos de Juan Rulfo, el narrador tenía apariciones estelares en Televisa, y el público, hasta el más reacio para la literatura, le adoraba). Unirnos en colectivo los poetas de habla hispana en una organización nacional o internacional bien construida para mejorarnos y promovernos, por ejemplo. Dejar a un lado nuestros egos, nuestros favoritismos, y permitir que sea solamente el talento el que se gane becas, premios o menciones. Echarle ganas y... leer poesía (¿cómo queremos que nos lean si nosotros mismos no somos lectores?).
Sé que soy idealista, pero como dice mi maestra de yoga: entre más das, más recibes. Y si el mero hecho de escribir poesía es un entregarse al mundo, también habría que poner todos nuestros recursos, fuerzas e ideales para que ésta renazca de sus cenizas.

miércoles, 4 de abril de 2012

La amistad.

"La amistad no necesita frecuencia. El amor sí, pero la amistad, sobre todo la amistad de hermanos, no. Puede prescindir de la frecuencia. En cambio el amor está lleno de ansiedades, de dudas, donde la falta de frecuencia puede ser terrible. Pero yo tengo amigos a quienes veo tres o cuatro veces al año y somos íntimos".

-Jorge Luis Borges

lunes, 30 de enero de 2012

Roberto Bolaño, 2666 from hell.

Luego de meses de procrastinar la lectura de la novela 2666 de Roberto Bolaño, la semana pasada llegué al último capítulo, el cual estoy a punto de terminar. Sin embargo, anoche tuve una pesadilla:

Me encontraba por fin terminando de leer "la parte de Archimboldi", heroicamente a punto de cerrar el libro y sintiendo que la historia estaba conclusa (dentro de lo que cabe, siendo el caso de Bolaño), y de repente descubría un capítulo más, como un pasadizo secreto dentro del libro, un quinto capítulo del que nunca hablaron los críticos y que lejos de darme emoción (pues es un libro con el que he tenido una relación de amor-odio), me preocupaba el hecho de que al acabar ese capítulo, de repente le surgiera otro capítulo más, y otro, y otro, hasta que toda mi vida tuviera que pasarme leyendo ese único libro, el que escribió en su lecho de muerte Roberto Bolaño.


martes, 29 de noviembre de 2011

Renegando de "Norwegian Wood", la película.

Desde que se estaba rodando la versión fílmica de "Norwegian Wood", basada en la novela de Haruki Murakami ("Tokio Blues" en otras versiones), allá cuando me enteré que el soundtrack corría a cargo de Radiohead, la pieza me produjo curiosidad. Hasta que, casi dos años después, por fin pude verla. Pero aún no terminaba cuando ya había en mí cierta desilusión. Ningún habitante de mi casa -personas que no leyeron la novela- aguantó hasta el final, y yo misma tuve que hacer esfuerzos por no quedarme dormida.

De hecho no creo que quien no haya leído la novela pueda abstraer al cien por ciento la trama de un filme que, aunque tiene buenos logros visuales, se queda corto con el manejo del argumento. 

La película trata de ser exhaustiva al querer mostrar a todos los personajes del libro (incluso los que están "de más" en un filme de 130 minutos); y sin embargo, termina por no profundizar en sus carácteres e historias subterráneas, de manera que resulta difícil entenderlos.

En un principio me dio buenas expectativas el hecho de que estuviera dirigida por el vietnamí Tran Anh Hung, mismo de "El Olor de la Papaya Verde" (una de mis favoritas). Aunque tan pronto como la veía, me daba cuenta de que no debí guardar expectativa alguna. 

El libro está narrado en boca de Watanabe, y es por medio de él que el lector conoce las situaciones y a los demás personajes, con sus explicaciones bastas, su humor sencillo y sus disertaciones morales, políticas e intelectuales. Pero en la película pareciera que todo está visto desde unos ojos menos observadores, quizá desde la mirada deprimida de Naoko: una visión contemplativa, sin mucha acción. 

Midori, la amiga hipermaníaca del libro, era otro elemento que pudo haber salvado la acción de la película, con sus toques cómicos y su abundante diálogo, que en la novela hacían recordar a la puerilidad del ánime japonés. Pero en la movie, Midori se parece más bien a la Naoko del libro, mientras la Naoko de la película termina siendo un personaje irreconocible, una niña escandalosa, llorona y obsesionada con el sexo, que en el libro era más bien callada.

Según cuentan, por mucho tiempo Anh Hung buscó la aprobación de Murakami para llevar su narración al cine, hasta que éste finalmete aceptó y en 2010 comenzó el rodaje. No dudo que el director se haya esforzado en abstraer la esencia del libro, pero lo hizo muy a su manera. Quizá es por eso que si pienso en la película como una apropiación (una narrativa independiente), puedo decir que me gusta; pero en cuanto la relaciono a "Tokio Blues" de Murakami y a los personajes que me acompañaron por semanas mientras hacía la lectura, no termino de convencerme que sea tan buena.

Aunque quizá sea el ritmo de aquella cultura oriental uno impasible, de pasos lentos, al cual mi ritmo occidental le resulta inalcanzable; por eso Anh Hung y yo tuvimos distintas lecturas, la literatura ofrece esa libertad. Quién sabe... puede que sólo lo descubra el día en que este monólogo trascienda al diálogo con algún lector oriental, o con alguno de ustedes.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Día 4: Uno que a todos les haya gustado, menos a usted.

Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones de Charles Bukowski.

No apto para menores de edad jeje. Este libro lo olvidó mi amigo Quick en mi carro, una vez que vino a visitarnos desde el D.F. y no pude evitar leerlo para satisfacer mi curiosidad sobre este irreverente escritor americano.

lunes, 15 de agosto de 2011

Día 3: Uno que sea un gusto culposo.

Entrevista con el Vampiro de Anne Rice.


Al final dije "gracias por leer" jaja,
y es porque en este precismo momento: me estás leyendo :)

domingo, 14 de agosto de 2011

Día 2: Uno que se haya demorado mucho en leer.

Donde mejor canta un pájaro de Alejandro Jodorowsky.

La trama se basa en un seguimiento ficticio de la historia de sus abuelos, judios de rusia (de ahí el apellido Jodorowsky), quienes llegaron a Chile el siglo pasado. Después seguirá narrando sobre sus padres y las personas que de alguna forma afectaron a la familia, tomando esto como excusa para explicar a manera de causa-efecto, cómo es que todo lo que le sucede a cada ser humano afecta el órden del universo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Día 1: Uno que leyó de una sentada.

La Cresta de Illión de Cristina Rivera Garza.
Lo reseñé anteriormente aquí.


-------------------------------------------------------------------------------------------
Comienzo hoy con el Reto literario de los 30 libros, basándome en la lista de Mauricio Montenegro (http://treintalibros.blogspot.com/). El ejercicio consiste en recomendar un libro cada día, durante treinta días, siguiendo el esquema propuesto.

jueves, 7 de julio de 2011

Roberto Bolaño habla de la política cultural en Latinoamérica (en el libro 2666).


-Bueno, es el típico intelectual mexicano preocupado básicamente en sobrevivir –dijo Amalfitano.
-Todos los intelectuales latinoamericanos están preocupados básicamente en sobrevivir, ¿no? –dijo Pelletier.
-Yo no lo expresaría con esas palabras, hay algunos que están más interesados en escribir, por ejemplo –dijo Amalfitano.
-A ver, explícanos eso –dijo Espinoza.
-En realidad no sé cómo explicarlo –dijo Amalfitano-. La relación con el poder de los intelectuales mexicanos viene de lejos. No digo que todos sean así. Hay excepciones notables. Tampoco digo que los que se entregan lo hagan de mala fe. Ni siquiera que esa entrega sea una entrega en toda regla. Digamos que sólo es un empleo. Pero es un empleo con el Estado. En Europa los intelectuales trabajan en editoriales o en la prensa o les dan una mensualidad o son obreros y delincuentes y viven honestamente de sus trabajos. En México, y puede que el ejemplo sea extensible a toda Latinoamérica, los intelectuales trabajan para el Estado. Esto era así con el PRI y sigue siendo así con el PAN. El intelectual, por su parte, puede ser un fervoroso defensor del Estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El Estado lo alimenta y lo observa en silencio. Con su enorme cohorte de escritores más bien inútiles, el Estado hace algo. ¿Qué? Exorciza demonios, cambia o al menos intenta influir en el tiempo mexicano. Añade capas de cal a un hoyo que nadie sabe si existe o no existe. Por supuesto, esto no siempre es así. Un intelectual puede trabajar en la universidad o, mejor, irse a trabajar a una universidad norteamericana, cuyos departamentos de literatura son tan malos como los de las universidades mexicanas, pero esto no lo pone a salvo de recibir una llamada telefónica a altas horas de la noche y que alguien que habla en nombre del Estado le ofrezca un trabajo mejor, un empleo mejor remunerado, algo que el intelectual cree que se merece, y los intelectuales siempre creen que se merecen algo más. Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los escritores mexicanos. Los vuelve locos. Algunos, por ejemplo, se ponen a traducir poesía japonesa sin saber japonés y otros, ya de plano, se dedican a la bebida. Almendro, sin ir más lejos, creo que hace ambas cosas. La literatura en México es como un jardín de infancia, una guardería, un kindergarten, un parvulatorio, no sé si lo podéis entender. El clima es bueno, hace sol, uno puede salir de casa y sentarse en un parque y abrir un libro de Válery, tal vez el escritor más leído por los escritores mexicanos, y luego acercarse a casa de los amigos y hablar. Tu sombra, sin embargo, ya no te sigue. En algún momento te ha abandonado silenciosamete. Tú haces como que no te das cuenta, pero sí que te has dado cuenta, tu jodida sombra ya no va contigo, pero, bueno, eso puede explicarse de muchas formas, la posición del sol, el grado de inconsciencia que el sol provoca en las cabezas sin sombrero, la cantidad de alcohol ingerida, el movimiento como de tanques subterráneos del dolor, el miedo a cosas más contingentes, una enfermedad que se insinúa, la vanidad herida, el deseo de ser puntual al menos una vez en la vida. Lo cierto es que tu sombra se pierde y tú, momentánesamente, la olvidas. Y así llegas, sin sombra, a una especie de escenario y te pones a traducir o a reinterpretar o a cantar la realidad. El escenario propiamente dicho es un proscenio y al fondo del proscenio hay un tubo enorme, algo así como una mina o la entrada a una mina de proporciones gigantescas. Onomatopeyas, fonemas furibundos o seductores o seductoramente furibundos o bien puede que sólo murmullos y susurros y gemidos. Por su parte, los intelectuales sin sombra están siempre de espaldas y por lo tanto, a menos que tuvieran ojos en la nuca, les es imposible ver nada. Ellos sólo escuchan los ruidos que salen del fondo de la mina. Y los traducen o reinterpretan o recrean. Su trabajo, cae por su peso decirlo, es pobrísimo. Emplean la retórica allí donde se intuye un huracán, tratan de ser elocuentes allí donde intuyen la furia desatada, procuran ceñirse a la disciplina de la métrica allí donde sólo queda un silencio ensordecedor e inútil. Dicen pío, pío, guau guau, miau miau, porque son incapaces de imaginar un animal de proporciones colosales o la ausencia de ese animal. El escenario en el que trabajan por otra parte, es mu bonito, muy bien pensado, muy coqueto, pero sus dimensiones con el paso del tiempo son cada vez menores. Este achicamiento del escenario no lo desvirtúa en modo alguno. Simplemente cada vez es más chico y también las plateas son más chicas y los espectadores, naturalmente, son cada vez menos. [...] En realidad, ellos, que en teoría son los amos del lenguaje, ni siquiera son capaces de enriquecerlo.
-No entiendo nada de lo que has dicho -dijo Norton.
-En realidad sólo he dicho tonterías -dijo Amalfitano.

(Roberto Bolaño, 2666, Anagrama, Barcelona, España, 2004).

martes, 3 de mayo de 2011

Feria Internacional del Libro de McAllen

Buena onda conocer a Jorge F. Hernández, de quién no tengo que hablarles mucho porque para eso están sus novelas y sus biografías. Sólo diré que lo entrevisté, hicimos 'click', pues es un hombre simpatiquísimo, un narrador natural que en todo momento está contando historias con esta audacia amenizadora.
Por la tarde ya estábamos cenando, él y yo y el Cónsul que se encargó de atenderlo durante su viaje a McAllen y que también es amante de los libros. Por la noche que dejamos el restaurante, había ganado dos nuevos amigos.
Creo que siempre habrá mucho qué aprender de escritores que han convivido toda su vida rodeados de las grandes figuras de la literatura, tal como Jorge, quien fue amigo de Octavio Paz y otros muchos escritores laureados. Tiene anécdotas divertidísimas sobre el mundo literario, como aquella cuando se coló a la entrega del Premio Cervantes a Fuentes, o cuando conoció al Príncipe don Felipe de España en la entrega del Príncipe de Asturias a la Revista Vuelta. Él mismo es un gran escritor y me identifiqué con sus historias de juventud, pues así como él admiró a los grandes, yo lo admiro a él y a muchos autores de su generación.
Hernández vino a McAllen promocionando 'Sol, piedra y sombras', libro que compila a narradores de la primera mitad del siglo XX, incluyendo -por alguna razón- a Alfonso Reyes, quien en realidad es del XIX je, y a Octavio Paz como cuentista, quien en realidad es más poeta. Peeero, lo que a mí me encantó del libro, es el hecho de que sea la primera antología mexicana en incluir cuentistas femeninas como Inés Arredondo, Elena Garro, Rosario Castellanos y Amparo Dávila.
La idea de la antología, creo yo, está pensada para las personas que no tienen mucha relación con las letras mexicanas. De hecho, el Fondo de las Artes de Estados Unidos la adoptó como lectura oficial para hacer a los gringos entender las grandes obras de la literatura mexicana 'contemporánea'.
Yo no la quise comprar porque a la mayoría de esos cuentistas los tengo por separado, pero en cambio, Jorge me hizo el honor de regalarme sus dos novelas "Requiem por un ángel" y "La emperatriz de Lavapiés", las cuales, por supuesto, se ganaron el privilegio de ser las siguientes que lea. También me dejó un autoretrato que dibujó en mi cuaderno de notas, para que 'la periodista de McAllen' no se olvide de él.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Dos mini relatos en voz de su autora.

En la revista virtual El Humo, editada por la argentina Romina Cazón, publicaron dos podcast de mi voz mientras leo un par de mini relatos que escribí hace mucho tiempo. No son buenos y tampoco tengo la mejor dicción, pero se los comparto :)


Deben hacer click en el anterior link y luego en el botón play. También pueden subir el volumen y ecualizar el sonido a su gusto.

martes, 25 de enero de 2011

¡Sobrepoblación de escritores!

"Publicar no es parte esencial de un destino literario"
-Emily Dickinson


El número de publicaciones de libros se ha multiplicado por mil en Latinoamérica (antes se publicaban 36 mil libros, ahora 36 millones). Los índices de publicaciones suben, mientras los índices de libros que se leen al año disminuyen. Hay escritores, pero no hay lectores. ¿Entonces, cuál es el negocio editorial en Latinoamérica? ¿Justificar presupuesto gubernamental? ¿Pasearse presentando un libro –aunque sea malísimo- para creerse escritor de neta?
Con los siguientes datos se calcula que en México se edita un libro cada segundo. Esto significa que, aunque cada individuo leyera un libro por día, aún se estarían dejando cientos de libros sin leer:
PAÍS
POBLACIÓN
LIBROS QUE SE EDITAN AL AÑO
LIBROS POR PERSONA
Brasil
193.017.646
40.000
4825
México
103.263.388
17.000
6074
Chile
17.094.275
5.000
3418
Perú
28 220 764
3.000
9406
Ecuador
14.233.900
3.000
4744
No culpo a los gobiernos ni a los escritores, sino a los mecanismos con que funciona la era moderna: el error inició en el momento en que “ser escritor” se entendió como un oficio, cuando el escritor debería ser más bien una especie (en el sentido de que uno es escritor -diría Tarantino o diría Reiner María Rilke- por naturaleza, porque así se nace, un poco a la manera de los idealistas, quienes trabajan por meras motivaciones intrínsecas).
Total que a mi entender, el escritor pedigrí,  el que escribe innatamente y produce literatura día a día sin pretensiones de ningún tipo, simplemente porque si no escribe se muere; ése, es hoy parte de una especie en extinción, mientras una gran cantidad de falsos escritores -quienes para rematar ni siquiera son buenos lectores- llenan el mercado (o los polvorientos almacenes) de los países tercermundistas.
Y nadie escapa a esta observación, yo misma me he preguntado: ¿de verdad soy escritora?, ¿soy lo suficientemente buena para justificar la tala de árboles que un tiraje de libros ocasiona? (suena mamón, pero los tiempos no están para olvidarnos del medio ambiente). Y es que -también como entes posmodernos- hemos sido educados para no renunciar a nuestros ideales. Mas tendríamos que ser muy sinceros con nosotros mismos para aceptar que tal vez en el pasado escribimos un libro de cuentos, un poemario o una novelita medianamente buenos, que quizás hasta tenemos premios nacionales, pero que ya no volvimos a escribir ni en cantidad, ni en calidad (ojo: dije escribir, no publicar) y esto sea quizás una señal de que, vaya, no somos escritores (inserte aquí carita triste).
Mi consejo -que seguiré yo misma-, es continuar produciendo literatura, pero manteniendo nuestro trabajo en observación constante, dejando que el tiempo decida y, como dijo el buen Borges que le dijo su padre, no apresurarnos a la publicación. Es fácil caer en la trampa del ego, un libro con nuestro nombre en la portada es la consumación de un sueño que se nos metió a la cabeza quizá desde que éramos niños, pero si no somos pacientes, autocríticos, esto puede resultarnos en un arma de dos filos, dándonos a conocer como patéticos escribidores.
Lo que es realmente digno de reconocerse, tarde o temprano sale a relucir por sí solo y queda grabado en la memoria histórica de la humanidad, así como, por el contrario, no todo lo que brilla es oro. Seguid escribiendo, hermanos escritores, pero no sin un sano recelo de humildad.

 
design by suckmylolly.com