lunes, 27 de abril de 2009

Mi pasaje favorito de Rayuela

Capítulo 93.
“Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero” -Julio Cortázar.

viernes, 24 de abril de 2009

Ay corazón, soy de Tampico...

Últimamente hay algo que me ha puesto a amar mi ciudad, aquella que mantuve sin nombre por mucho tiempo. En Chihuahua siempre me dije de Tampico, aunque Ivan me dijera lanchera, hasta un día en el que descubrí que estaba enamorada de Chiwas, entonces comencé a navegar con bandera de chihuahuense. Cuando viví en el D.F. y me preguntaban de dónde era mi acento, yo les decía que de Chihuahua, lo más lejos posible, lo más chihuahuamente posible.

Estos días he observado el Tampico que me rodea, que ya no es el de mi infancia. He observado las calles a las que salía a jugar, los árboles a los que solía treparme, las hojas del mango con las que solía hacer taquitos de lodo, de lodo tampiqueño, como los frijoles negros que acá comemos. He respirado el aire salado de playa, me ha acariciado la brisa que acá llamamos "el norte", me ha derretido el sofoque de la primavera, y aunque ni mi Tampico, ni yo, somos los mismos, aún guardamos ambos esa esencia del que se queda niño para siempre, del que ama el lugar donde creció.

jueves, 23 de abril de 2009

Encuentro de poetas Los Santos Días de la Poesía

Un día antes me puse bien peda y anduve cruda todo el primer día, fuera de eso, y de que casi me queman en la hoguera jeje, estuvo padrísimo. Fue disque como un "retiro espiritual poético". En una ex-hacienda increíble a las afueras de la ciudad, bajo la sierra, allá en Jaumave, Tamaulipas.

Yendo de Tula a Jaumave, dice el corrido...
La comida con la mejor vista...
Los problemas de la escritura en el siglo XXI...
Todos bajo el árbol "El Abuelo"... Plática, muy atentos y yo durmiéndome ja...
El aquelarré donde me iban a echar a la hoguera je:

Con Celeste Alba y Marisol Vera...

Con Miguel Barquiarena y Nora Iliana Esparza...
La ex-hacienda...
Entrega de constancia que parecía premiación ja...
Prensa...


Ex-hacienda la Florida

18 y 19 de abril de 2009

martes, 21 de abril de 2009

Bride-to-be o quinceañera

Hoy en día ya nadie le tiene fe al amor. Nadie cree en su poder constructivo y rejuvenecedor.

Hace unos meses fui a cotizar el salón donde será mi boda, echándome el ojo, el administrador: "Es para quinceañera, ¿verdad?".

También fui a apartar mi cita en el salón de belleza, sentadas en el escritorio, vi que la señora anotaba en su agenda: "Maquillaje y peinado de quinceañera".

Luego fui a una muestra de la banda que tocará en la fiesta, les comenté que para el Vals de los novios queríamos algo rockero, y la chava me preguntó: "¿Es para boda? Yo juraba que para quinceañera".

En las tres me respondieron: "Es que te ves muy chiquita". Aunque en realidad han de haber estado pensando de seguro salió embarazada, sin sospechar que a los quince ya soñaba mi boda, y precisamente con él.

sábado, 4 de abril de 2009

Vidas de los poetas

José Emilio Pacheco

En la poesía no hay final feliz.
Los poetas acaban
viviendo su locura.
Y son descuartizados como reses
(sucedió con Darío).
O bien los apedrean y terminan
arrojándose al mar o con cristales
de cianuro en la boca.
O muertos de alcoholismo, drogadicción, miseria.
O lo que es peor. Poetas oficiales,
amargos pobladores de un sarcófago
llamado Obras completas.

 
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