lunes, 21 de septiembre de 2015

Border Lit / Literatura Fronteriza

Ya empieza el encuentro de escritores Letras en la Frontera 2015 y yo participo en dos ocasiones (abajo los flyers): el viernes en Our Lady Of the Lake University y el sábado en la biblioteca pública de San Antonio.
Este año se unen escritores de Texas, California, México D.F., Torreón, Reynosa y Nuevo Laredo. Los eventos comienzan desde el jueves con la presentación de dos antologías en la UNAM-SA y visitas a preparatorias, el viernes se presentarán libros de diferentes autores en OLLU y el sábado habrá un taller de creación literaria, seguido de la presentación de nuestro poemario Fuego del Aire.

martes, 15 de septiembre de 2015

Alurista y la poesía chicana militante

Comentario escrito para mi clase de Literatura Chicana + dos poemas de este poeta emblemático. 
"Encontré en Youtube este video de una lectura en la que Alberto Urista, a.k.a. Alurista, se presenta en una biblioteca de California. Observarlo fue más interesante que leerlo. Primero, porque de por sí la literatura chicana nace de una poesía militante escrita retóricamente para declamarse en público y conmover a las masas. Segundo, porque al menos en el caso particular de Alurista, resulta difícil separar su persona de su obra, ya que su poesía es tan lúdica y transgresora, como lo es él en cuanto a figura pública: su forma de vestir, de hablar en dos lenguas, su comportamiento al presentarse ante la audiencia, su actitud de bufón que se mofa de los academicismos y las formalidades.
       La rebelión en contra de la sociedad burguesa tan propia de la posmodernidad y del chicanismo, se refleja también en el empleo inusual que el poeta hace en contra de las normas de la literatura. Esto es más evidente en su obra escrita. En ella enfatiza lo humano y lo artístico sobre lo académico y teórico, lo espontáneo y expresivo antes que la métrica bien medida y encorsetada
      No exenta de tintes políticos, con frases como “Zapatismo en Amerindia” o “Todo para todos, nada para nosotros”, toca temas de fascismo, racismo, capitalismo, a la vez que retoma la idea del mexicano no asimilado en Estados Unidos, así como otros asuntos propios de la imaginería mexicano-americana, al hablar de personajes como cowboys, charros, indios mayas, brujas. 
     Pero, a diferencia de sus predecesores, Alurista lo hace desde una postura contemporánea. Un ejemplo es esta frase en la que habla de los hijos de La Llorona, dándole un giro a la historia popular. En lugar de haberse ahogado en el río del pueblo, se ahogan en prácticas propias de nuestra sociedad actual: “Her children devoured by the computer”. 
       Así, este poeta refresca una tradición chicana que hasta los años 70 se centró en la poesía de tinte campesino. Alurista se aleja de los guiños al corrido mexicano y a la canción popular, para inmergir en un estilo vanguardista, en el que utiliza el Spanglish e inserta el náhuatl dándole un uso no-tradicional al lenguaje. Lo mismo hace al inventar neologismos como “anglosangronía”. 
      También prueba a experimentar con el formato de los poemas (caligramas, comas representadas por espacios en blanco, etc) e incluso con el formato mismo del libro-objeto, como sucede en "Floricanto" (título venido del término in xochitl, in cuicatl, que en náhuatl significa poesía), en donde se incluye arte visual. Este poemario fue el primer libro bilingüe inglés-español que se publicó en Estados Unidos y, como cereza del pastel, se imprimió en un empastado de dimensiones irregulares y diferentes a las de cualquier libro que se encuentra comúnmente en bibliotecas y librerías.
     Tanto la actitud ante la vida que este poeta adopta, como lo estrictamente literario de su obra, decantan en un estilo automático y espontáneo, que pasa a veces por sencillo o descuidado. Pero si se le observa minuciosamente, el lector encontrará que se trata de un escritor sumamente educado, cerebral, idealista, cuya poesía incurre en una ambición por innovar, a la vez que cumple con la finalidad social de hacer al lector consciente de la lucha de identidad por la que atraviesan los mexicano-americanos. Todo lo anterior da como resultando un producto literario bien acogido por la crítica, que se ha convertido en un estandarte de la poesía chicana posterior a él."





viernes, 4 de septiembre de 2015

"Conjurando Elementos" y video del poema Chica New Age decide vivir el presente

Cuatro mujeres hispano-texanas decidimos emprender un proyecto en el que cada una personificara, por medio del yo poético, uno de los cuatro elementos. Somos dos mexicanas: Rossy Evelin Lima (agua) quien vive en McAllen, y yo (aire) que vivo en San Antonio; así como la colombiana Vanessa Torres (tierra) y la puertorriqueña Miriam Maldonado (fuego), ambas radicadas en Houston. Para la presentación el pasado 20 de agosto en UNAM-USA, contamos con la participación de las pintoras mexicano-americanas Gaby Rico y Raquel Hinojosa, residentes del Valle de Texas.
Aquí uno de mis poemas que forman parte de esta colección:
Ahora trabajamos en una antología que será publicada por Mediaisla Editores e ilustrada por las pintoras mencionadas. Lo que buscamos es llamar la atención desde el feminismo, la vuelta a una humanidad elemental en contacto con la naturaleza, la inmigración, la inclusión racial, entre otras cuestiones, pues teniendo doble nacionalidad sufrimos, como muchas otras personas en nuestra situación, conflictos de identidad y choques culturales que además son problemas extendidos en todo el mundo occidental debido a la sociedad neoliberal globalizada en la que vivimos.

jueves, 13 de agosto de 2015

Próximo jueves en la UNAM-USA.


miércoles, 24 de junio de 2015

Soy demasiado vieja para ir a festivales

Austin City Limits
"Ya estoy vieja para ir a festivales de música", me he encontrado a mí misma repitiendo esta frase por años. Más argumentos contra festivales los escucho en boca de mis amigos: "odio que se llene tanto que ni estás agusto", "odio ver a la banda chiquitita y a través de las megapantallas", "prefiero ver sus conciertos en Youtube", "odio ser enana y lidiar con los grandulones que se plantan enfrente". Yo también odio eso, odio los festivales, pero asisto porque son la única forma de ver en vivo a mis bandas más queridas, de tener cerca a ese grupo de individuos que ha creado música para hacerme sentir, pensar, bailar, llorar... disfrutar, pues.

El problema tiene que ver, definitivamente, con crecer. A diferencia de años atrás, cuando mi única preocupación era aprobar las materias de la uni, invertía vastas horas en investigar talentos emergentes. Ahora reparto mi tiempo en mis muchos proyectos, en trabajar, estudiar, asear la casa, cocinar, hacer ejercicio, salir con amigos y mantener la dignidad de mis avatares en las redes sociales (crucial en el siglo XXI, ¿no?). Todo esto me deja con unas cuantas horas a la semana para hacer búsquedas musicales ya muy depuradas, de segunda o tercera mano, lo cual provoca que mi música sea la música que ya escuchan la gran mayoría de los mortales. Muy de vez en cuando dedico un fin de semana entero a buscar propuestas más "under", cambio la música de mi iPad y aguanto otros meses.

Modest Mouse en el FunFunFun Fest.
Lo mismo con los conciertos: antes pasaba días investigando qué bandas darían show en bares locales, las oía previamente y llegaba preparada para pasarla bien un martes, entre un público de 50 a 100 personas. Ahora sólo espero a que mi iPhone me avise, con la aplicación de conciertos, sobre las bandas más o menos "populares" que visitarán mis ciudades aledañas, rogar por que caiga en fin de semana, y ver si tendré tiempo y ningún otro compromiso para unirme a la horda de más de 200 personas que asistirán. Aún esto pasa cada vez menos. La neta es que hoy en día mis esperanzas se concentran en aguardar la llegada de los grandes festivales, para ver a mis bandas a un kilómetro de distancia, en calidad yo de partícula de polvo perdida en el mar de miles de adultos jóvenes, que pasan la mitad del concierto asegurándose de que su video se haya grabado bien en el celular (¿en serio alguna vez vuelven a ver esos videos?). 

En realidad oír y ver bandas populares no tiene nada de malo para mi ego, qué demonios, están chidas, me molan, con eso tengo (antes no: escuchar algo "mainstream" era sacrílego). Lo inconveniente es que la popularidad sí afecta mi experiencia con respecto a la música. Por eso odié el FunFunFun, Austin City Limits y el Corona Capital. Por eso me enamoré del Nrmal emisión Monterrey, el Utopia y el SXSW. Los dos primeros eran, al momento de yo asistir, festivales pequeños donde la masa fue cortés y suficientemente ligera como para escabullirme hasta adelante sin problemas. Así pude ver a las bandas de cerquita, mirar detalladamente cómo tocan sus instrumentos, qué equipo traen, qué caras hacen.

6th Street durante el SXSW
El SXSW merece especial mención, ya que, I mean, ¡sucede en toda una ciudad! Son tantas las bandas, y tantos los estilos musicales, y tantos los días, y tantos los bares, y tan grande el centro de Austin, que permite la misma experiencia de un festival pequeño: tienes que escoger cuidadosamente a qué show irás, a cuál de las cientos de bandas estás más deseosa de ver. Una vez tomada la difícil decisión, te diriges al barecito, pagas tu cover de $5 o $15 o $25 dólares, recoges tu cerveza gratis, te paras frente al escenario junto a otros 20 espectadores, y te preparas para establecer una conexión íntima con los músicos.

Heavenly Junkie, San Antonio, TX
El viernes pasado fui a un bar alt llamado Hi-Tones, ahí descubrí una banda local que, de verdad, me gustó más que muchas otras hiper famosas de las que llenan bares en Austin.
Nombre: Heavenly Junkie. 
Estilo: algo así como electroindie. 
Integrantes: un bajero y un programador-guitarrista. 
Número de personas en el público: 5. 

¡Cinco personas! En el patio había más de 50 alcoholizándose y hablando de estupideces, la barra estaba llena, pero frente al escenario sólo yo y otros cuatro freaks (vaya, ni mis amigos se quedaron). No entendía cómo los presentes podían estarse perdiendo de tanto talento. 

En el flow de mi borrachera descubrí, que para mí ése es el estado ideal de ver una banda, casi casi como ir a uno de sus ensayos: pude cerrar mis ojos y bailar, hice contacto visual con los músicos, escucharon mis gritos de aprobación, y al final, por poco, tuve la ocasión de ir a saludarlos, de contarles mis observaciones sobre lo chingona y original que me pareció su música. No lo hice porque primero le hablé a la chica de la banda gótica que tocó antes, con ella estuve platicando hasta que prendieron las luces para corrernos del lugar. Pero al menos sé que alguien con mucha imaginación y sensibilidad musical vive en la misma ciudad que yo, que me los puedo encontrar en el súper o en un bar, y que quizá algún día llenen la explanada en uno de los grandes festivales internacionales.

jueves, 11 de junio de 2015

En las comisuras del sueño

SUEÑO 1 - Mayo 28
Viajaba a una ciudad donde vivía una buena amiga a la cual tenía mucho sin ver. Mi marido me dejaba en su casa -una casita antigua, descuidada, de paredes rosas-, él se iba a visitar a sus amigos. En cierto punto de la conversación, mi amiga me comunicaba que me tenía una sorpresa. Corría la cortina de una de las habitaciones y me pedía, sonriente, que entrara. Sentado en la cama encontraba a mi examante. Pasábamos la noche hablando. Al fin me despedía de él, salía de la habitación y le pedía de favor a mi amiga que no le contara nada a mi hombre.

SUEÑO 2 - Junio 1
Extraigo del tarot un dos de copas.

SUEÑO 3 - Junio 10
Ya de mayor, de entre 40 y 60 años, me reunía en un café con otra amiga. En la plática recordaba lo que había sucedido durante mi visita a la dicha ciudad años atrás. Estaba confundida, era un recuerdo que había olvidado por completo y que aparecía ahora, después de tanto tiempo. Cuestioné la veracidad de aquél recuerdo: ¿sucedió en la realidad o fue sólo un sueño? Dudé de que el presente en el café con mi otra amiga estuviera siendo real o fuera también un sueño. Noté que el café no era ningún lugar conocí do, y mi amiga... ¿quién era esa mujer? Tras estas nuevas nociones, supe que me encontraba en un sueño, pero decidí fingir que no lo sabía para continuar la plática con mi amiga, pues disfrutaba contándole el recuerdo que, al ser un recuerdo real y no el simple recuerdo de un sueño, era más intenso, un pasado palpable.

SUEÑO 4 - Junio 11
Despierto, sé que todo fue real desde una perspectiva onírica: aquella realidad alterna que nos sucede en las comisuras de los sueños.


martes, 19 de mayo de 2015

La terapia del viaje: Puerto Rico en primavera.

Me vengo enamorada de esta isla tropical, su historia, su comida, su lenguaje, el reggae y la salsa en todas partes, el espíritu revolucionario de la gente, siempre orgullosa de sus raíces latinas y africanas, con una curiosa incorporación de la cultura gringa, mezcla que los hace encantadores.
 Esta es la vista desde mi spot favorito en el Viejo San Juan, cerca del barrio "de mala muerte" La Perla. Véase abajo la parte posterior del Castillo de San Cristóbal, construido por los españoles en 1783 para proteger al puerto de invasiones, éste se encuentra junto al mar, sólo una calle lo separa del área urbana.
El Viejo San Juan no es muy diferente de cualquier centro histórico de nuestras ciudades mexicanas (lo comparo con San Luis Potosí, Morelia, Guanajuato, Querétaro, Guadalajara), tiene arquitectura antigua, calles empedradas, un montón de cafés, restaurantes y todo tipo de facilidades para los turistas, pero a la vez algo más poético y más magnético que lo que encuentro en México.
En la noche vimos a nuestro amigo boricua Héctor González, quien nos llevó a comer pizza rústica, luego a bailar salsa y a tomar cerveza artesanal a varios bares de la calle San Sebastián, muy similar al Barrio Antiguo de Monterrey, México.
Al día siguiente rentamos un carro y manejamos a Playa Piñones. A la orilla de la carretera -entre la playa y la selva- hay puestecitos que allá llaman "kioscos", donde venden comida tradicional a precio accesible (Puerto Rico es carísimo): alcapurrias, mofongos, tostones, empanadillas, casi todas a base de plátano frito con pollo, carne, pescado o camarón. Ah, y un simpático mulato llamado José vendía cocos por $2 dólares: lo abría con un cuchillo, esperaba a que te tomaras el agua y te lo partía en dos, integrando una cucharilla hecha con el mismo coco.
Otro de los días nos levantamos temprano para manejar a Fajardo y de ahí tomar un barco (ferry) a Isla Culebra (donde supuestamente está "la playa más hermosa del mundo"), pero no alcanzamos "boletas" y decidimos tomar el ferry para Vieques, otra isla con mucha historia y una bahía de agua fosforescente que no alcanzamos a apreciar porque fuimos de día.
En el barco
Puerto Rico perteneció a España hasta 1918 cuando fue ocupado por Estados Unidos, a partir de entonces se convirtió en un territorio incorporado al país norteamericano. Ya mucho antes, los españoles habían eliminado a la mayoría de los taínos nativos de la isla, por lo que se vieron en la necesidad de importar esclavos negros de África, así se fusionaron las diferentes culturas.
Playa Luquillo
Café de Puta Madre
Perdidos
Distrito de Arte en Santurce
9 al 14 de mayo del 2015

lunes, 13 de abril de 2015

Dormir en el puerto de Tampico.

"—Otra vez el infierno —dijo en seguida en voz muy queda y misteriosa. Estaba solo en el puente y hablaba con el mar. La tierra había desaparecido. La tierra—. Dime cualquier cosa, lo que se te antoje— volvió a pedir, la vista clavada en las olas, en esos torsos, en esos pedazos de cíclope que inútilmente querían recobrar otra vez su forma completa, enlazados, desesperados. Debía sufrir; el mar también debía sufrir, grande y esclavo, sin reposo, insomne desde el principio de los siglos. Debía sufrir de eternidad—. Acuérdate. Ella salió de noche. Acuérdate, mar. Dime algo. En esa ocasión quiso dormir en tierra. Dormimos. Después salió. Dime, mar." 

Dormir en tierra de José Revueltas. De mis cuentos más queridos from all times. 

Leerlo en Ciudad Madero, en mi puerto, es una experiencia sublime. Me hace imaginar el Río Pánuco que divide a Tamaulipas de Veracruz, el canal de río que conecta con el mar, los remolcadores navegando, impermanentes. Luego mi imaginación se mezcla con El Triángulo, en el centro de Tampico, frente al puerto marítimo. El Triángulo es la zona donde las prostitutas, pobres, acaloradas, se encallan a esperar a los caminantes del centro y a los marineros que llegan a puerto. Por último, al leer la parte en la que el personaje habla con el mar, escucho mi propia voz dirigiéndose a las olas. Los pies clavados en la arena, la espuma tocándome las pantorrillas, alcanzándome los muslos y yo, eterna devota del océano Atlántico, pensando en cómo sería inmergirme en él para nunca volver a tocar tierra.

 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Presentación de iPoems en UTB


Mañana me presento en la Universidad de Texas en Brownsville como escritora invitada.

Por la mañana visitaré una clase de escritura creativa (en inglés) para hablar de la poesía de ruptura en Latinoamérica y ponerles unos ejercicios a los alumnos. 

Más tarde donaré unos manuscritos con correcciones y una pintura de poesía visual para el archivo literario de la biblioteca, donde guardan cosas personales de todos los escritores que han visitado la universidad, incluida Maya Angelou y otros. 

Por la tarde estaré presentando mi libro iPoems. La idea era presentar la edición bilingüe que será publicada este año por Slough Press en Estados Unidos, pero no estuvo lista, así que la considero la última presentación de la edición en español de 2013 (re-edición en 2014) publicada por El Humo Ediciones en México. Es muy significativo cerrar la serie de presentaciones de iPoems: poemas en shuffle en esas tierras fronterizas. De todas formas haré la lectura de los poemas tanto en inglés como en español.

El viernes daré un taller de anti-poesía y después habrá una comida con los asistentes, para luego tomar camino rumbo a la cercana Isla del Padre, donde me presentaré el sábado en la librería Paragraphs.

Me alegra poder visitar UTB y darme a conocer a una audiencia bilingüe. También me alegra volver al mar Atlántico, ese mar siempre me recuerda de dónde provengo.


jueves, 8 de enero de 2015

Under the Skin, ser ajena en el propio cuerpo.

Under the Skin (Bajo la Piel), dirigida por Jonathan Glazer, comienza como muchas otras películas de ciencia ficción, en medio de una acción que da continuidad a hechos desconocidos para el espectador; es decir, no se sabe qué fue lo que pasó antes, sólo se observa a un hombre bajar de una motocicleta para ir a recoger el cuerpo inerte de Scarlett Johanson. Lo lleva a una casa que por fuera parece común, pero por dentro resulta ser una especie de plantel espacial donde otra Johanson, desnuda, se va vistiendo con la ropa de la Johanson muerta. A partir de esta exploración del elemento del "doble", el director comienza a jugar con los ingredientes clásicos del género fantástico, trastocándolos, como veremos, de manera especial.
     Johanson interpreta a una mujer vestida con ropa más o menos vulgar, que maneja una camioneta de carga. Se dedica a recoger peatones del sexo masculino, con quienes entabla conversación fingiendo estar perdida y preguntándoles dónde queda tal o cual lugar. Una vez ganada su confianza, los seduce y los lleva a la casa que al espectador ya le es familiar, para arrastrarlos a un mar desconocido dentro de los límites de la misma habitación en donde éstos se desnudan para intentar poseerla. La forma en la que sucede tiene un aire extraterrestre, o quizá hiperterrestre, si lo vemos como una experiencia onírica, pues incluso una de las víctimas pregunta "¿estoy soñando?", a lo que ella contesta, en plural, "sí, estamos soñando". Se trata de un espacio límite entre dos mundos, el de lo humano y el de lo extraterrestre, por eso tanto ella como ellos, como el espectador mismo, tienen la sensación de estar en un sueño.
     Al principio las cuestiones de género se exploran de forma tradicional: la mujer como una figura inocente en apariencia y a la vez seductora, que resulta ser una vampiresa o femme fatále encargada de llevar a los hombres a su perdición. El hombre, por otro lado, aparece victimizado y castigado por sus deseos sexuales y hasta por su idiotez. Pero esto comienza a cambiar a medida que la trama de Under the Skin avanza: todos los hombres, incluso los que no se dejan seducir, son sujetos para el sacrificio, sin apelar a sentimientos humanos como la piedad, que en la protagonista no se muestran, pues como sospechamos, ella no pertenece al género humano. Esto se hace evidente en una escena invernal en la playa, donde un nadador ignora la seducción de la muchacha y prefiere ir a auxiliar a una familia que se ahoga: la madre se ha lanzado a la playa para salvar a su pequeño, y el padre lo ha hecho para salvar a su esposa. La misericordia es  castigada por un ente superior (llámese Dios, destino, o lo que sea) y todos terminan muertos: la familia desaparece en las entrañas del mar, y el nadador es asesinado por la chica. Queda solamente el otro bebé de la familia, abandonado a su soledad. El director le dedica unos segundos: oscurece, hace frío, el bebé llora, lo más seguro es que vaya a morir si nadie lo socorre. Esta escena suscita la compasión del espectador, pero no la de los personajes de Johanson o del motorista (otro extraterrestre), que sólo se preocupan por llevarse el cuerpo muerto del nadador, dejando al bebé ahí, a merced del mal clima.
     En la segunda mitad de la película se suaviza la sensación de extrañeza: vemos cómo el personaje que encarna Johanson parece experimentar sensaciones humanas. El cambio es paulatino para el espectador, quien observa a un misterioso hombre subir a la camioneta, éste devela una terrible deformidad, quizá una elefantitis: se quita poco a poco el gorro, luego lo iluminan a contraluz los faroles callejeros, por último se revela como todo un freak al estilo de las películas de Jodorowsky. Mientras yo como espectadora sentí un impacto que me sacó una expresión de "¡ay, güey!", en el rostro de la muchacha no se percibe ninguna sensación de extrañeza. Unas escenas después, ya que ha llevado a cabo su ritual de sacrificio, la joven se alcanza a mirar en un espejo. Se detiene ahí por unos segundos, se toca la cara. En esta simple escena asistimos al reconocimiento de su cuerpo como un cuerpo humano (el tema del cuerpo es quizá lo que más impera en todo el filme). Luego, atestiguamos su decisión por dejar libre al freak y huir de su destino de vampiresa: ha experimentado por primera vez algo similar a la compasión.
     Más adelante seguirá lidiando con sentimientos humanos: el enamoramiento o algo parecido, el deseo sexual, incluso el miedo, hacia el final del largometraje. Sin embargo, se sospecha que para ella son sensaciones artificiales, como nos lo hace ver el director cuando la pone sentada en un restaurante probando un pastel de chocolate (¡mmmh!) que al ingerir termina escupiendo (¿asco, otra sensación humana?).
     El personaje, creo yo, es un reflejo de nuestra sociedad, nos envía al menos dos mensajes que pude detectar: el primero tiene que ver con la adaptación, la persona que se adapta a vivir en un mundo distinto al de su propia naturaleza (¿no están nuestras sociedades urbanas cada vez más alejadas de la naturaleza y más cerca de los avances de la tecnología que resultan ser fríos y, según la visión de esta película, devastadores -devoradores- para el ser humano?) y el segundo, podría emparentarse con el simulacro del que habló Jean Baudrillard, quien explica que nuestras sociedades viven una mentira vendida como realidad, y que esta realidad perdió todo referente, por lo que somos el reflejo del reflejo de un reflejo, sin saber ya dónde quedó el elemento reflejado. En la película, esta figura extraterrestre negra, en negativo, que toma la forma humana de una mujer atractiva, puede estar representando el vacío que mueve nuestras motivaciones como humanidad. Otra interpretación podría ser la de la sexualidad impuesta (se nos dice que debemos ser hombres o mujeres, vestir de tal forma de a cuerdo a nuestro sexo, etcétera) y la manera en que algunas personas en esta época postmoderna se sienten ajenas en su propio cuerpo. Incluso puede ir más allá de lo sexual: tiene que ver con el canon estético impuesto de cómo debe lucir "un cuerpo bello", y cómo la mayoría de los seres humanos no encajamos en ese canon.
     La película es más conceptual que narrativa, pues se centra en elementos auditivos y visuales para generar sensaciones: ejemplo de ello es la música vibrante con sonidos de sirena intermitentes cuando la tensión narrativa se eleva, o los colores en tonos fríos (gris, café, blanco) para representar la ausencia de sentimientos por parte de la protagonista, y tibios cuando ésta encuentra la calidez humana (la luz del calentador en casa del hombre que le ofrece su hospitalidad y hasta su cariño).
     Algunas acciones son difíciles de describir e incluso de entender, y al estar el largometraje plagado de escenas cotidianas de la gente común de Escocia a manera de documental (gente caminando en las calles, sentada en bancas, manejando automóviles), se explica el aislamiento humano que genera nuestro propio ego como una distracción que no nos permite discernir cuándo estamos en peligro, tal y como le pasa a las víctimas de esta guapísima mujer.
     Finalmente, la terrible sensación que nos provoca el ver a esos "monstruos" extraterrestres alimentándose de seres humanos, se revierte para mostrarnos que el peor de los monstruos es el humano mismo, pues así como Johanson se gana la confianza de sus víctimas, al final de la película, el "monstruo humano" (un guardabosques común y corriente) es quien se aprovecha de esta confianza para incurrir en la violencia y a la destrucción, sin ningún otro fin que el de su propia satisfacción barbárica. Es decir, que el ser humano no sólo recurre a la destrucción de lo extranjero, eso que le parece "lo otro" o "lo extraño", sino a la destrucción del prójimo, y a la vez de sí mismo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Es que no basta leerlo, hay que vivirlo.













Hace años fui al festival Literatura en el Bravo en Ciudad Juárez. Me colé a la fiesta de bienvenida, donde estaban Juan Gelman, Ledo Ivo, Eduardo Antonio Parra, y muchos otros. Obviamente los escritores invitados eran una élite y ni pelaban al resto de los asistentes, así que terminé cotorreando con dos poetas jóvenes locales -según recuerdo eran hermanos-, y con un académico alemán como de cincuenta y tantos años, con quien hablé largo rato sobre literatura mexicana.

Se acabó la fiesta oficial. Los hermanos poetas y yo hacíamos planes para seguir tomando, el académico alemán escuchó y quiso venir con nosotros, fascinado con la idea de conocer la Ciudad Juárez que inspiró el 2666 de Roberto Bolaño.

Caminamos a un barecillo ahora extinto del Pronaf. A medida que la noche avanzaba, le íbamos contando al extranjero más y más historias terribles de la cotidianidad en la ciudad: secuestros, balaceras, colgados en el Puente Al Revés. Todo pasó del plano ficticio, de lo meramente narrativo, a la realidad: alguien se estaba peleando en el bar donde nos encontrábamos, recuerdo haber oído algo sobre una pistola, recuerdo el escándalo, gente movilizándose, nos sacaron del lugar. Caminamos unas cuadras por la calle, aún los poetas y yo poniéndonos de acuerdo sobre el siguiente bar que visitaríamos, pero el alemán, exaltado, se despidió y tomó un taxi a su hotel. Jamás lo volví a ver. Tampoco a los hermanos poetas.

Hoy estaba investigando a los profesores del doctorado en Letras Hispánicas y Portuguesas de la UCLA, ya que solicitar admisión para un Ph.D. en Estados Unidos no es cosa de juego: además de los innumerables requisitos de admisión, uno tiene que investigar a los catedráticos para decidir de antemano con quién deseará trabajar en caso de ser aceptado. Esa empresa me llevó a descubrir el interesante trabajo de investigación de un tal Marten van Delden, investigador y profesor de literatura hispánica en dicha universidad. Su especialidad de estudio es la literatura mexicana (es un "mexicanista", se diría en el mundo académico). Se despertó mi interés por trabajar con él, y cuando miré su fotografía hice la conexión: se trataba del mismo hombre con quien compartí la intrascendente aventura de aquella noche por Ciudad Juárez.

Más allá de repetir metáforas gastadas sobre el tamaño de este mundo y la ironía de la casualidad, o de hablar sobre cómo los temas de la ficción a veces se hallan graciosamente confluyendo en la realidad, me quedo con la pregunta: ¿contará esta anécdota para poner en mi carta de solicitud de admisión?


 
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