Me vengo enamorada de esta isla tropical, su historia, su comida, su lenguaje, el reggae y la salsa en todas partes, el espíritu revolucionario de la gente, siempre orgullosa de sus raíces latinas y africanas, con una curiosa incorporación de la cultura gringa, mezcla que los hace encantadores.
Esta es la vista desde mi spot favorito en el Viejo San Juan, cerca del barrio "de mala muerte" La Perla. Véase abajo la parte posterior del Castillo de San Cristóbal, construido por los españoles en 1783 para proteger al puerto de invasiones, éste se encuentra junto al mar, sólo una calle lo separa del área urbana.
El Viejo San Juan no es muy diferente de cualquier centro histórico de nuestras ciudades mexicanas (lo comparo con San Luis Potosí, Morelia, Guanajuato, Querétaro, Guadalajara), tiene arquitectura antigua, calles empedradas, un montón de cafés, restaurantes y todo tipo de facilidades para los turistas, pero a la vez algo más poético y más magnético que lo que encuentro en México.
En la noche vimos a nuestro amigo boricua Héctor González, quien nos llevó a comer pizza rústica, luego a bailar salsa y a tomar cerveza artesanal a varios bares de la calle San Sebastián, muy similar al Barrio Antiguo de Monterrey, México.
Al día siguiente rentamos un carro y manejamos a Playa Piñones. A la orilla de la carretera -entre la playa y la selva- hay puestecitos que allá llaman "kioscos", donde venden comida tradicional a precio accesible (Puerto Rico es carísimo): alcapurrias, mofongos, tostones, empanadillas, casi todas a base de plátano frito con pollo, carne, pescado o camarón. Ah, y un simpático mulato llamado José vendía cocos por $2 dólares: lo abría con un cuchillo, esperaba a que te tomaras el agua y te lo partía en dos, integrando una cucharilla hecha con el mismo coco.
Otro de los días nos levantamos temprano para manejar a Fajardo y de ahí tomar un barco (ferry) a Isla Culebra (donde supuestamente está "la playa más hermosa del mundo"), pero no alcanzamos "boletas" y decidimos tomar el ferry para Vieques, otra isla con mucha historia y una bahía de agua fosforescente que no alcanzamos a apreciar porque fuimos de día.
En el barco
Puerto Rico perteneció a España hasta 1918 cuando fue ocupado por Estados Unidos, a partir de entonces se convirtió en un territorio incorporado al país norteamericano. Ya mucho antes, los españoles habían eliminado a la mayoría de los taínos nativos de la isla, por lo que se vieron en la necesidad de importar esclavos negros de África, así se fusionaron las diferentes culturas.
"—Otra vez el infierno —dijo en seguida en voz muy queda y misteriosa. Estaba solo en el puente y hablaba con el mar. La tierra había desaparecido. La tierra—. Dime cualquier cosa, lo que se te antoje— volvió a pedir, la vista clavada en las olas, en esos torsos, en esos pedazos de cíclope que inútilmente querían recobrar otra vez su forma completa, enlazados, desesperados. Debía sufrir; el mar también debía sufrir, grande y esclavo, sin reposo, insomne desde el principio de los siglos. Debía sufrir de eternidad—. Acuérdate. Ella salió de noche. Acuérdate, mar. Dime algo. En esa ocasión quiso dormir en tierra. Dormimos. Después salió. Dime, mar."
Dormir en tierra de José Revueltas. De mis cuentos más queridos from all times.
Leerlo en Ciudad Madero, en mi puerto, es una experiencia sublime. Me hace imaginar el Río Pánuco que divide a Tamaulipas de Veracruz, el canal de río que conecta con el mar, los remolcadores navegando, impermanentes. Luego mi imaginación se mezcla con El Triángulo, en el centro de Tampico, frente al puerto marítimo. El Triángulo es la zona donde las prostitutas, pobres, acaloradas, se encallan a esperar a los caminantes del centro y a los marineros que llegan a puerto. Por último, al leer la parte en la que el personaje habla con el mar, escucho mi propia voz dirigiéndose a las olas. Los pies clavados en la arena, la espuma tocándome las pantorrillas, alcanzándome los muslos y yo, eterna devota del océano Atlántico, pensando en cómo sería inmergirme en él para nunca volver a tocar tierra.
Mañana me presento en la Universidad de Texas en Brownsville como escritora invitada.
Por la mañana visitaré una clase de escritura creativa (en inglés) para hablar de la poesía de ruptura en Latinoamérica y ponerles unos ejercicios a los alumnos.
Más tarde donaré unos manuscritos con correcciones y una pintura de poesía visual para el archivo literario de la biblioteca, donde guardan cosas personales de todos los escritores que han visitado la universidad, incluida Maya Angelou y otros.
Por la tarde estaré presentando mi libro iPoems. La idea era presentar la edición bilingüe que será publicada este año por Slough Press en Estados Unidos, pero no estuvo lista, así que la considero la última presentación de la edición en español de 2013 (re-edición en 2014) publicada por El Humo Ediciones en México. Es muy significativo cerrar la serie de presentaciones de iPoems: poemas en shuffle en esas tierras fronterizas. De todas formas haré la lectura de los poemas tanto en inglés como en español.
El viernes daré un taller de anti-poesía y después habrá una comida con los asistentes, para luego tomar camino rumbo a la cercana Isla del Padre, donde me presentaré el sábado en la librería Paragraphs.
Me alegra poder visitar UTB y darme a conocer a una audiencia bilingüe. También me alegra volver al mar Atlántico, ese mar siempre me recuerda de dónde provengo.
Under the Skin (Bajo la Piel), dirigida por Jonathan Glazer, comienza como muchas otras películas de ciencia ficción, en medio de una acción que da continuidad a hechos desconocidos para el espectador; es decir, no se sabe qué fue lo que pasó antes, sólo se observa a un hombre bajar de una motocicleta para ir a recoger el cuerpo inerte de Scarlett Johanson. Lo lleva a una casa que por fuera parece común, pero por dentro resulta ser una especie de plantel espacial donde otra Johanson, desnuda, se va vistiendo con la ropa de la Johanson muerta. A partir de esta exploración del elemento del "doble", el director comienza a jugar con los ingredientes clásicos del género fantástico, trastocándolos, como veremos, de manera especial.
Johanson interpreta a una mujer vestida con ropa más o menos vulgar, que maneja una camioneta de carga. Se dedica a recoger peatones del sexo masculino, con quienes entabla conversación fingiendo estar perdida y preguntándoles dónde queda tal o cual lugar. Una vez ganada su confianza, los seduce y los lleva a la casa que al espectador ya le es familiar, para arrastrarlos a un mar desconocido dentro de los límites de la misma habitación en donde éstos se desnudan para intentar poseerla. La forma en la que sucede tiene un aire extraterrestre, o quizá hiperterrestre, si lo vemos como una experiencia onírica, pues incluso una de las víctimas pregunta "¿estoy soñando?", a lo que ella contesta, en plural, "sí, estamos soñando". Se trata de un espacio límite entre dos mundos, el de lo humano y el de lo extraterrestre, por eso tanto ella como ellos, como el espectador mismo, tienen la sensación de estar en un sueño.
Al principio las cuestiones de género se exploran de forma tradicional: la mujer como una figura inocente en apariencia y a la vez seductora, que resulta ser una vampiresa o femme fatále encargada de llevar a los hombres a su perdición. El hombre, por otro lado, aparece victimizado y castigado por sus deseos sexuales y hasta por su idiotez. Pero esto comienza a cambiar a medida que la trama de Under the Skin avanza: todos los hombres, incluso los que no se dejan seducir, son sujetos para el sacrificio, sin apelar a sentimientos humanos como la piedad, que en la protagonista no se muestran, pues como sospechamos, ella no pertenece al género humano. Esto se hace evidente en una escena invernal en la playa, donde un nadador ignora la seducción de la muchacha y prefiere ir a auxiliar a una familia que se ahoga: la madre se ha lanzado a la playa para salvar a su pequeño, y el padre lo ha hecho para salvar a su esposa. La misericordia es castigada por un ente superior (llámese Dios, destino, o lo que sea) y todos terminan muertos: la familia desaparece en las entrañas del mar, y el nadador es asesinado por la chica. Queda solamente el otro bebé de la familia, abandonado a su soledad. El director le dedica unos segundos: oscurece, hace frío, el bebé llora, lo más seguro es que vaya a morir si nadie lo socorre. Esta escena suscita la compasión del espectador, pero no la de los personajes de Johanson o del motorista (otro extraterrestre), que sólo se preocupan por llevarse el cuerpo muerto del nadador, dejando al bebé ahí, a merced del mal clima. En la segunda mitad de la película se suaviza la sensación de extrañeza: vemos cómo el personaje que encarna Johanson parece experimentar sensaciones humanas. El cambio es paulatino para el espectador, quien observa a un misterioso hombre subir a la camioneta, éste devela una terrible deformidad, quizá una elefantitis: se quita poco a poco el gorro, luego lo iluminan a contraluz los faroles callejeros, por último se revela como todo un freak al estilo de las películas de Jodorowsky. Mientras yo como espectadora sentí un impacto que me sacó una expresión de "¡ay, güey!", en el rostro de la muchacha no se percibe ninguna sensación de extrañeza. Unas escenas después, ya que ha llevado a cabo su ritual de sacrificio, la joven se alcanza a mirar en un espejo. Se detiene ahí por unos segundos, se toca la cara. En esta simple escena asistimos al reconocimiento de su cuerpo como un cuerpo humano (el tema del cuerpo es quizá lo que más impera en todo el filme). Luego, atestiguamos su decisión por dejar libre al freak y huir de su destino de vampiresa: ha experimentado por primera vez algo similar a la compasión.
Más adelante seguirá lidiando con sentimientos humanos: el enamoramiento o algo parecido, el deseo sexual, incluso el miedo, hacia el final del largometraje. Sin embargo, se sospecha que para ella son sensaciones artificiales, como nos lo hace ver el director cuando la pone sentada en un restaurante probando un pastel de chocolate (¡mmmh!) que al ingerir termina escupiendo (¿asco, otra sensación humana?). El personaje, creo yo, es un reflejo de nuestra sociedad, nos envía al menos dos mensajes que pude detectar: el primero tiene que ver con la adaptación, la persona que se adapta a vivir en un mundo distinto al de su propia naturaleza (¿no están nuestras sociedades urbanas cada vez más alejadas de la naturaleza y más cerca de los avances de la tecnología que resultan ser fríos y, según la visión de esta película, devastadores -devoradores- para el ser humano?) y el segundo, podría emparentarse con el simulacro del que habló Jean Baudrillard, quien explica que nuestras sociedades viven una mentira vendida como realidad, y que esta realidad perdió todo referente, por lo que somos el reflejo del reflejo de un reflejo, sin saber ya dónde quedó el elemento reflejado. En la película, esta figura extraterrestre negra, en negativo, que toma la forma humana de una mujer atractiva, puede estar representando el vacío que mueve nuestras motivaciones como humanidad. Otra interpretación podría ser la de la sexualidad impuesta (se nos dice que debemos ser hombres o mujeres, vestir de tal forma de a cuerdo a nuestro sexo, etcétera) y la manera en que algunas personas en esta época postmoderna se sienten ajenas en su propio cuerpo. Incluso puede ir más allá de lo sexual: tiene que ver con el canon estético impuesto de cómo debe lucir "un cuerpo bello", y cómo la mayoría de los seres humanos no encajamos en ese canon.
La película es más conceptual que narrativa, pues se centra en elementos auditivos y visuales para generar sensaciones: ejemplo de ello es la música vibrante con sonidos de sirena intermitentes cuando la tensión narrativa se eleva, o los colores en tonos fríos (gris, café, blanco) para representar la ausencia de sentimientos por parte de la protagonista, y tibios cuando ésta encuentra la calidez humana (la luz del calentador en casa del hombre que le ofrece su hospitalidad y hasta su cariño).
Algunas acciones son difíciles de describir e incluso de entender, y al estar el largometraje plagado de escenas cotidianas de la gente común de Escocia a manera de documental (gente caminando en las calles, sentada en bancas, manejando automóviles), se explica el aislamiento humano que genera nuestro propio ego como una distracción que no nos permite discernir cuándo estamos en peligro, tal y como le pasa a las víctimas de esta guapísima mujer.
Finalmente, la terrible sensación que nos provoca el ver a esos "monstruos" extraterrestres alimentándose de seres humanos, se revierte para mostrarnos que el peor de los monstruos es el humano mismo, pues así como Johanson se gana la confianza de sus víctimas, al final de la película, el "monstruo humano" (un guardabosques común y corriente) es quien se aprovecha de esta confianza para incurrir en la violencia y a la destrucción, sin ningún otro fin que el de su propia satisfacción barbárica. Es decir, que el ser humano no sólo recurre a la destrucción de lo extranjero, eso que le parece "lo otro" o "lo extraño", sino a la destrucción del prójimo, y a la vez de sí mismo.
Hace años fui al festival Literatura en el Bravo en Ciudad Juárez. Me colé a la fiesta de bienvenida, donde estaban Juan Gelman, Ledo Ivo, Eduardo Antonio Parra, y muchos otros. Obviamente los escritores invitados eran una élite y ni pelaban al resto de los asistentes, así que terminé cotorreando con dos poetas jóvenes locales -según recuerdo eran hermanos-, y con un académico alemán como de cincuenta y tantos años, con quien hablé largo rato sobre literatura mexicana.
Se acabó la fiesta oficial. Los hermanos poetas y yo hacíamos planes para seguir tomando, el académico alemán escuchó y quiso venir con nosotros, fascinado con la idea de conocer la Ciudad Juárez que inspiró el 2666 de Roberto Bolaño.
Caminamos a un barecillo ahora extinto del Pronaf. A medida que la noche avanzaba, le íbamos contando al extranjero más y más historias terribles de la cotidianidad en la ciudad: secuestros, balaceras, colgados en el Puente Al Revés. Todo pasó del plano ficticio, de lo meramente narrativo, a la realidad: alguien se estaba peleando en el bar donde nos encontrábamos, recuerdo haber oído algo sobre una pistola, recuerdo el escándalo, gente movilizándose, nos sacaron del lugar. Caminamos unas cuadras por la calle, aún los poetas y yo poniéndonos de acuerdo sobre el siguiente bar que visitaríamos, pero el alemán, exaltado, se despidió y tomó un taxi a su hotel. Jamás lo volví a ver. Tampoco a los hermanos poetas.
Hoy estaba investigando a los profesores del doctorado en Letras Hispánicas y Portuguesas de la UCLA, ya que solicitar admisión para un Ph.D. en Estados Unidos no es cosa de juego: además de los innumerables requisitos de admisión, uno tiene que investigar a los catedráticos para decidir de antemano con quién deseará trabajar en caso de ser aceptado. Esa empresa me llevó a descubrir el interesante trabajo de investigación de un tal Marten van Delden, investigador y profesor de literatura hispánica en dicha universidad. Su especialidad de estudio es la literatura mexicana (es un "mexicanista", se diría en el mundo académico). Se despertó mi interés por trabajar con él, y cuando miré su fotografía hice la conexión: se trataba del mismo hombre con quien compartí la intrascendente aventura de aquella noche por Ciudad Juárez.
Más allá de repetir metáforas gastadas sobre el tamaño de este mundo y la ironía de la casualidad, o de hablar sobre cómo los temas de la ficción a veces se hallan graciosamente confluyendo en la realidad, me quedo con la pregunta: ¿contará esta anécdota para poner en mi carta de solicitud de admisión?
Es hora de escribirte, Verano,
mientras una historia allá afuera se cuaja
hacia algo ridículo e intrascendente
como debíamos ser nosotros,
como las personas al rededor nuestro
que no saben lo que dicen
pues desde su llegada al mundo
alguien ha puesto palabras en sus bocas
No se dan cuenta que algo macabro
les dicta los pensamientos.
Nosotros somos el error de la Gran Máquina,
el cambio climático del que no se entera la muchedumbre
de autómatas programados.
Nosotros, tuercas en perfecto engranaje,
termómetros dilatados,
pasamos desapercibidos por los manuales de usuario,
por las anotaciones del creador
de esta farsa mecánica llamada mundo.
Tenemos voluntad propia, somos el error de la Gran Máquina,
no existimos porque nadie nos ha dado nombre,
para mí tú eres Verano,
el sonido del despertador una mañana
la zozobra de manejar veinte minutos a la estación de autobuses
donde me esperan un café y tu cuerpo venido de lejos,
tu cuerpo menudo
cubierto por un exceso de ropa,
sorprendido por la llegada prematura del calor,
mis ojos llenos de legañas lo compadecen y lo desean,
a tu cuerpo, esa tuerca
que hará contacto conmigo
para obligar a este mundo a andar menos lento.
El Big Bang explota entre nosotros esta mañana
que será un día cualquiera
para la empleada del café donde nos sentaremos a platicar
(girar la Gran Máquina),
será un día cualquiera para los que abordarán el camión de las 9:15 am,
será un día cualquiera para el vagabundo que ya sólo aguarda a la muerte,
será un día cualquiera para los actores que ejercen de extras
en esta película de la Gran Máquina.
Para mí, Verano, este día eres tú,
tu llegada no me pilla de sorpresa,
yo te esperaba con ropa ligera y con unas ganas de ir al mar
que se quedarían en ganas,
que mitigaríamos a tu llegada yendo a caminar
por los callejones graffiteados de esta ciudad tan gris,
tan caliente y mojada con tu sudor de lluvia.
La lluvia en mí, la lluvia para mí,
este cielo gris es tu castigo y tu regalo,
Verano, te llevas el sol a mitad de año,
es Agosto y te has llevado todo
menos mi obsesión de que estás aquí,
estuviste y fuiste mío al menos un rato,
enfrentamos a la Máquina siendo un error.
No me doy cuenta
que los días han pasado,
hace frío de nuevo,
yo lo tengo todo
menos a ti
y sigo queriendo nada más que a ti,
Verano, te has ido y me dejas la lluvia, el viento helado,
la forma de tus ojos entristecidos tatuada en los míos.
Esperaré otro año, otros años,
esperaré todos los Otoños, todos los Inviernos
necesarios
para que vuelvas con tu sudor de lluvia y olor a café
y me despierte la promesa de tu aliento a cielo gris
tu humedad que conozco de risa y no de besos.
Esperaré porque esta Gran Máquina es un reloj,
y todo es un ciclo,
y tú has de volver, Verano,
a ser mi vuelta de tuerca.
A la salida de una fiesta donde habíamos bebido tequila directamente del orificio de la botella, Rachel comunicó que estaba lista para irse, quizá con la ilusión de llegar pronto a su alcoba a coger con Joseph. Éste había desaparecido la última mitad de la velada, lo habíamos hallado, inconsciente, tirado en el porche de la casa anfitriona, entre botellas vacías y vasos desechables. Dos muchachos nos ayudaron a cargarlo de pies y brazos para depositarlo en el asiento del auto de mi amiga.
Tomamos camino. El aracle y la lluvia nocturna provocaron que mi amiga desviara el auto a la banqueta y se trepara a la acera. Nos bajamos y notamos que la llanta estaba ponchada. Sin nadie a quién llamarle a plenas cuatro de la madrugada, nos quedamos fumando cigarros y platicando hasta que una patrulla se estacionó junto a nosotros. El oficial, moreno y atlético, nos alumbró con su linterna para luego interrogar a mi amiga rudamente. Dándonos por delincuentes, preguntó reiteradas veces a qué le habíamos pegado... ¿qué estaría pensando? ¿que atropellamos un borracho o una vaca? ¿qué destruimos propiedad pública llevándonos un letrero de alto o un poste de luz? Cuando se dio cuenta de que Rachel estaba en tal estado alcohólico que no lograba hilvanar palabras coherentes, vino a probar suerte conmigo. Me identifiqué como reportera del periódico El Mañana, que al día siguiente debía cubrir la inauguración de la nueva biblioteca pública, que no quería problemas, sólo deseaba llegar a casa y dormir.
"Te ves inteligente", observó, "pero no lo eres. Alguien que piensa no terminaría en una situación así". Yo asentí con la cabeza. "Sólo por ti voy a hacer como si esto nunca hubiera pasado". Yo asentí con la cabeza. "Aunque quiero que sepas que esta noche tu amiga y tú pudieron haber ido a la cárcel". Seguí asintiendo con la cabeza. En realidad ir a la cárcel no era lo peor que nos pudo haber sucedido. El policía, alto, moreno y flemático, volvió a mirar a Rachel antes de emitir un suspiro, apagó la linterna y abordó su patrulla para luego desaparecer en la lluvia, entre el reflejo de las luces rojas y azules que iluminaba desde el suelo mojado.
Dormimos sentadas en el automóvil. Me despertó el sol de las ocho a.m. y moví a Rachel para que llamara a su papá. Éste arribó en piyama y con la herramienta necesaria. De mala gana comenzó a cambiar la llanta, no emitió palabra, mi amiga tampoco, pues la resaca le impedía esforzarse demasiado. Yo me ofrecí a ayudar pero el señor frunció el ceño y me indicó con una seña que me subiera al auto. Abordé el asiento trasero. Cuando estuvo finalizada la reparación y tomamos la avenida rumbo a casa de Rachel, comenzó el concierto de gritos y reproches entre padre e hija. Yo los bloqueé de mi radar auditivo y puse mi atención en las personas que corrían por el parque, tan saludables con sus tenis y sus camisas de licra, tan tempraneros, tan lúcidos. Desee ser una de ellos, no más fiestas, no más aventuras nocturnas, no más alcohol, no más chicos, no más tonterías. En esas determinaciones estaba cuando me distrajo un movimiento a mi lado, una presencia que Rachel y yo habíamos olvidado y que el padre ni siquiera había notado: Joseph estaba despierto y no le importaba un carajo qué hora era o dónde estábamos. Me hizo una señal de guardar silencio y su mano se internó poco a poco por debajo de mi falda.
Mientras veía junto a Eliher el documental The Pervert's Guide to Ideology con actuaciones de nuestro filósofo favorito Slavoj Žižek -para mi suerte y la de quienes tengan Netflix, el docu se encuentra trepado a esa plataforma-, le puse pausa para comentarle a mi compañero, con el fin de que entienda lo que hacemos los académicos de la literatura cuando sí nos ponemos a trabajar:
"Hacemos practicamente lo mismo que Žižek en este documental, él parte del psicoanálisis para interpretar películas, nosotros exploramos obras de la literatura desde diversos puntos hermenéuticos, o sea, interpretativos, ¿me entiendes?".
"No".
"Por ejemplo, para Žižek la película Taxi Driver representa a la clase oprimida sadomasoquista que es victimizada por el capitalismo, pero que en cierta forma disfruta de ser victimizada. La violencia al final de Taxi Driver aparece como una reacción del individuo ante la impenetrabilidad de la sociedad capitalista (y ahora agrego: esta reacción es la consecuencia brutal de reconocerse como El Otro, el extranjero, el ser incapaz de acceder a las exigencias del capital global). Estas mismas interpretaciones las hacemos los literatos, pero en lugar de películas, tomamos novelas o poemas o cuentos".
Terminamos el documental, gracias a lo cual intentaré dar mi interpretación de la interpretación de Žižek, con el fin de servirles a ustedes de guía para "la guía del pervertido hacia la ideología" (traducción literal del título de la película).
Nos habla Žižek de Jaws, aquella película de los noventa con un tiburón asesino. Aquí puede decirse que el tiburón es una metáfora del capitalismo, pero es más bien una mezcla de varias cosas, la alegoría del monstruo devorador es usada para concentrar en él todos los miedos de la sociedad conservadora capitalista, misma que se resiste a la inmigración, a la mezcla de razas, a la diversidad reliogiosa, etc. Con esto recuerdo una hipótesis que alguna vez leí, que decía, según datos numéricos comprobados, que durante los gobierno demócratas en Estados Unidos se producían más películas y series de televisión sobre zombies, mientras que cuando gobernaban gobiernos republicanos, el auge era de películas y series de vampiros, ¿por qué? Porque lo que pasan en la televisión (con todo y sus comerciales) responde a la ideología del sistema político en turno, y desde el punto de vista demócrata se representan a los republicanos como zombies atontados que siguen las reglas sin tener un pensamiento propio, mientras los gobiernos republicanos, por su parte, ven a los demócratas como chupasangres libertinos que metafóricamente gustan de las orgías, los festines y se alimentan de la inocencia ajena.
Volviendo al documental, nos habla también de Full Metal Jacket recalcando que los humanos experimentamos cierta simpatía por la obsenidad, dicha simpatía es innata a nosotros por el simple hecho de ser entes sociales, de vivir en grupo. Por ejemplo, ciertos rituales de iniciación que implican humillaciones, el bullying, o la misma humillación del crimen organizado al ridiculizar a sus víctimas con formas de tortura indignas. Esto sucede a nivel global porque es, para el humano, una forma de sentirse aceptado dentro de la sociedad que perpetúa este ciclo una vez que la víctima se convierte en victimario. Al final, si no logramos establecer una distancia entre lo que la sociedad quiere de nosotros y lo que realmente podemos dar, terminaremos destruyendo a los demás (violencia) o auto-destruyéndonos (suicidio) como en el caso del soldado que se da un tiro en la boca en la película de la que hablamos.
Justo después pasa a desmenuzar The Dark Knight, segunda entrega de la trilogía cinematográfica Batman. Debo de confesar que tras oír al filósofo eslavo hablar de las implicaciones políticas tan obvias en la película, sobre la manera en que las sociedades funcionan gracias a la construcción de mitos y mentiras, a mí me quedó entre líneas la idea del suicidio de Heath Ledger, quien encarna a El Huasón en la película. Siguiendo los postulados de Žižek hasta entonces, podría yo agregar que el actor llevó a las últimas consecuencias su sentimiento de opresión e impotencia ante una sociedad impenetrable, mezquina, opresora y controladora, y que, digámoslo metafóricamente, al quitarse los "lentes de sol" de la película They Live, sólo le quedaban dos opciones: rendirse a esta sociedad opresora y formar parte de ella, o elegir a la muerte.
Y justo ahora que menciono They Live -primera película de la que nos habla Žižek, la cual yo no había visto hasta ayer-, diré que más allá de la ciencia ficción ranflona que se maldesarrolla a lo largo de la trama, la primera mitad de la película apunta a ser una una denuncia social muy clara, al contar la historia de un hombre de clase obrera que encuentra una caja de lentes de sol, los cuales, al ponérselos, muestran la cara verdadera de la realidad: todos los colores y figuras atractivas en los letreros publicitarios quedan a blanco y negro, con tipografías simples, dando el mensaje real detrás de los anuncios. Obedece. Manténte dormido. Cásate y reprodúcete. Consume. No pienses por ti mismo. Compra más. No cuestiones la autoridad. Sométete.
La película mantiene sus referencias a la sociedad de consumo, comparando el glamour y la comodidad desplegados en los anuncios de televisión, con la vida verdadera de personas que usan la ropa por necesidad y se dedican a la supervivencia con trabajos forzados. La clase alta o, más específicamente, el capitalismo, es visto como este invasor alienígena que viene a seducir a los humanos para apoderarse del planeta. Al igual que en la película Titanic, la clase alta se vale de la baja para vivir, haciéndole creer que es necesaria, pero a la vez buscando alejarla y segregarla, precisamente para evitar que piense por sí misma (en Titanic, la muerte de Jack y la supervivencia de Rose ejemplifican esta relación de uso-deshecho que ejerce la clase alta sobre la baja).
Hacia el final del documental, Žižek analiza la religión a través de la película The Sound of Music (1965) y termina por concluir que son más ateos los católicos que los que se dicen ateos, pues el catolicismo promueve el placer y el seguir el camino de los deseos, tal como el capitalismo hace, con el fin de seguir perpetuando su supervivencia a costas de la libertad de los más pobres (ya sea pobres de mente, pobres de espíritu o pobres económicamente).
Como sincronicidad con todas las reflexiones que el documental desató en mí, hoy me encontré con esta frase de Max Aub que llora: “No se puede creer en Dios sin haber dudado de él. Sin desesperar. Quien tiene plena seguridad de la existencia de Dios, no cree en Dios”. Según las conclusiones de una plática que tuve ayer con una amiga, tergiversaré la frase para decir que "no se puede creer en el amor sin haber dudado de él. Quien tiene plena seguridad de la existencia del amor, no cree en el amor". E igual podría utilizarse cambiando la palabra Dios y amor por cualquiera otra que nos hable de cualquier construcción social impuesta por el Gran Otro sobre nuestras tiernas mentes humanas pues, finalmente, sólo al cuestionarlas podemos apelar a un verdadero cambio, una verdadera revolución.
Una canción de protesta de los años 90 que debió haber surgido en la cultura de los raves, sigue teniendo total actualidad en nuestros días, y hasta más con esto de las redes sociales y la culminación del neoliberalismo en algo perverso y bizarro que se pone la máscara de "El Sueño Americano". Ahí les va mi traducción al español y el video:
Tu celular, tu cartera, tu tiempo, tus ideas
no código de barras, no fiesta, no identificación, no cervezas
tu tarjeta de débito, tu licencia, tus pensamientos, tus miedos
si no hay SIM card, no hay disco, no hay foto, no hay "aquí"
tu sangre, tu sudor, tus pasiones, tus arrepentimientos
tus ganancias, tu tiempo libre, tus modas, tu sexo
tus pastillas, tu hierba, tus tetas, tu trasero
tus risas, tus pelotas, lo queremos todo (queremos tu alma)
tu dinero, tu casa, tu teléfono, tu vida (queremos tu alma)
cuéntanos tus hábitos, tus novedades, tus miedos
danos tu dirección, tu número de zapatos, tus años
tus dígitos, tus planes, tu número, tus ojos
tu horario, tu escritorio, tus detalles, tu vida
muéstranos a tus hijos, tus fotos, tu hogar
aquí, toma una tarjeta de crédito, un seguro, un préstamo
ten un trabajo, ten una pensión, ten un corte de pelo, ten un traje
juega la lotería, juega fútbol, dale vuelo a la hilacha, toca el claxon
te enseñaremos unas loqueras, unos espantos, te compraremos bebidas, tira tus libros a la basura
te venderemos baratijas, te cobraremos impuestos, estamos comprando grandes pistolas y tú nos das el dinero
(queremos tu alma) tu dinero, tu casa, tu teléfono, tu vida
(queremos tu alma) tus pensamientos, tus emociones, tu amor, tus sueños
tu chequera, tu esencia, tu sudor, tus gritos
tu seguridad, tu sobriedad, tu inocencia, tu sociedad
tu persona, tu lugar, tu distancia, tu espacio
(Vuelvan a sus camas, América, su gobierno tiene todo bajo control otra vez)
Aquí. Mira este comercial. Cállate. Eres libre de hacer lo que te decimos.
Eres libre de hacer lo que te decimos (queremos tu alma)
Ahí les va una banda pop de chicos, ahí les va Mackers, ahí les va Britney, ahí les va una Coca
aquí pizza, aquí TV, aquí algo de rock y algo de rol
ve comerciales, más comerciales, mira a Jerry, no Oprah
cómprate una vida mejor desde la comodidad de tu sofá
aquí hay palomitas, aquí hay revistas, aquí hay malteadas, aquí hay pantalones de mezclilla
aquí hay brassieres con relleno, aquí hay cera para depilar las axilas, aquí hay playeras de fútbol, aquí hay gorras de béisbol
aquí van programas de comentaristas, aquí van videojuegos, aquí va una Coca Light, aquí hay diez líneas más
aquí hay cigarros con filtro, aquí hay labios de colágeno, aquí hay centros comerciales abiertos toda la noche, aquí hay caderas de plástico
Aquí. Aquí están los Gladiadores Americanos (futbol americano).
Mira esto. Cállate.
Vuelve a la cama América, aquí están los Gladiadores Americanos
Aquí hay 56 canales de éso
Mira a estos retardados pituitarios golpear esos cráneos juntos
y felicitarte por vivir en la tierra de la libertad. Aquí vas América
Eres libre de hacer lo que te decimos
Eres libre de hacer lo que te decimos
No hippies, no solitarios, no truncos, no gays
no zurdos, no lunáticos, no opiniones, no formas
no pensadores, no maestros, no hechos, no gente rara
no patinetos, no drogadictos, no confianza, no sueño
aquí hay palomitas, aquí hay revistas, aquí hay malteadas, aquí hay pantalones de mezclilla
aquí hay brassieres con relleno, aquí hay cera para depilar las axilas, aquí hay playeras de fútbol, aquí hay gorras de béisbol
aquí hay infomerciales muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy largos
Este post va respecto a la rola "Cigarette Daydreams" ("Fantasías de cigarro") que últimamente ha sido mi replay.
La canción la encontrarán en el video del final, pues la letra me parece un poema al estilo de la poesía narrativa, aunque con clichés en su forma, el fondo, sumado a la frase luminosa que da título a la canción, más la música y la vocecita desgarrada de Matthew Shultz, la convierten en un viaje intertemporal.
Tratando de entender por qué me gusta, descubrí que la letra prácticamente describe a la adolescente que fui -y que muchas otras chicas son o fueron-, entonces recordé a los personajes femeninos de mis películas de pubertad o adolescencia y, aunque antes sólo me parecían cool, ahora entiendo que la empatía con ellas me permitió no sentirme tan aislada.
Si lo vemos desde un contexto social, soy un producto de mi época y sin querer hice click con el espíritu que en los 90s cuestionaba los órdenes establecidos: en ese tiempo hubo una explosión de la consciencia colectiva, especialmente entre la juventud, alentada por la caída del muro de Berlín, el feminismo que ya desde los 80s había salido de la Academia para volver a las calles -donde había nacido casi dos décadas antes-, además de otros movimientos sociales como el ecologismo y el activismo político que a finales del siglo XX impactaron por medio del arte, la televisión y el creciente mundo Web.
En medio de estas cavilaciones que me despiertan rolas como ésta, recibí el siguiente mensaje:
"Me da nostalgia cómo creciste, cuando estaba en secundaria encontré tu blog ... me metía por la música, y veía tu foto comiendo elote, eras una niña... ya estoy por terminar la carrera y pues creciste hahaha nada más quería comentarlo..."
Y nada, que es natural que al crecer una cambie (dice la rola de Future Islands: "seosons change"): ya no fumo, ahora tengo menos miedos que antes, pero en esencia sigo siendo la misma chavita ondeada, idealista, radical a mi manera, aún en busca de respuestas y de paz mental. Así, un montón de morras han de sentir empatía con esos personajes de los 90s y al mismo tiempo, de cierta forma, también conmigo.
Sé que es un cliché reseñar a Daft Punk, después de sus discos Homework, Discovery, Human After All y la banda sonora de Tron, creo que ha sido Random Access Memories del que más se ha hablado. Cuando lo tuve en mis manos me prometí no escribir sobre él, pero pasé días oyéndolo sin parar y hoy no puedo evitar compartirles mi viaje.
Algunas canciones tienen la reminiscencia de sus álbumes pasados y otras son muy novedosas, aunque todas guardan relación con obsesiones conocidas del dúo formado por los franceses Guy Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter: lo espacial y robótico, los sampleos, el club dance o Electronic Dance Music (música disco), el detalle en cada efecto sonoro, sus influencias musicales (recordemos aquella rola Teachers del Homework, donde enlistan a decenas de músicos), la fiesta, el baile, lo cool, e incluso el amor, que se trata en muchas de las nuevas canciones (una se llama The Game of Love: "el juego del amor" y suena a Something About Us de su previo disco Discovery. Otra se llama Instant Crush: "enamoramiento instantáneo").
Pero en su generalidad, el álbum es un homenaje a la música de los años setenta, la época del primer electrónico, de los primeros sampleos, los primeros DJ's con sus vinilos, los sintetizadores análogos y la pre-industrialización del mercado musical (poco antes de que MTV se llevara todo al demonio), por lo que resulta una pieza que romantiza esos años y principios de los ochentas, a la vez que rinde tributo a quienes le abrieron paso, musicalmente hablando, a esta que se ha convertido en una de las bandas más importantes de house music (aunque eso del género queda en discusión, sobre todo después de este nuevo álbum). Ritmos house con los elementos setenteros enfatizados ya se oían en canciones como One More Time de disco Discovery o Around the World del Homework, pero en Random Acces Memories llegan a su extremo.
El primer track es, hasta ahora, mi favorita: Give Life Back to Music,
una rola club dance que recuerda en algo a su estilo pasado, pero revive a su vez ritmos disco. La letra dice en inglés: "Deja a la música entrar esta noche / Sólo préndele a la música / Deja a la música de tu vida / Dale vida a la música otra vez". Para mí, escuchar a Daft Punk de nuevo, me transporta a antiguas épocas de mi vida (sin duda, ellos tocan "la música de mi vida"), pero además este disco es un viaje en el tiempo mismo: la época histórica cuando se creaba y reproducían ritmos en aparatos análogos, entonces uno tenía que "prender" el tocadiscos para oírlo (ahora no, ahora sólo das click o rozas un botón, a lo mucho se prende la computadora o el iPhone).
En Random Access Memories también hay canciones que están demasiado relajadas y tengo que dar skip cuando lo escucho para salir a correr (o empezar la party), como es el caso de Doing it Right; pero otras, como Motherboard (bellísima) son progresivas y pasan del relax al delirio futurista-setentero. Beyond es otra de las calmadas, pero aplica lo del futurismo-setentero para recordar los jingles de National Geographic o de aquél programa de televisión de Carl Sagan: sonidos que simbolizaron el progreso, el futuro.
Ésa idea del futuro se oye en la canción Giorgio by Moroder (otra de las progresivas que va del funk suave al rock pesado). Giorgio Moroder fue un músico que introdujo muchos de los sonidos electrónicos a la música disco: el track comienza con su voz explicando que en 1969 y 1970, él quiso encontrar la música del futuro, por lo que creó sin darse cuenta los sonidos que influeyeron a toda la electrónica posterior. Daft Punk retoma esta influencia y le hace honores. Más o menos por esta línea "tributaria" está Fragments of Time, canción alegresilla con ritmo soul setentero.
La letra de Touch es casi un poema, y su relación con lo literario radica meramente en lo "cursi" de la canción (kitsch), porque la rola comienza con sonidos espaciales, tétricos y después desconcierta al lanzarnos una voz de adulto (¿anciano?) cantando una canción de pop setentero, la cual acaba deconstruyéndose en un primitivo Electronic Dance Music, al puro estilo de Donna Summer (con quien Giorgo trabajó ampliamente).
Las preferidas de los escuchas son Get Lucky y Lose Yourself to Dance, en ambas tienen por vocalista invitado a Pharrel, famoso cantante de la banda hip-hop Gym Class Heros. La primera vez que le puse atención a la letra de Get Lucky, pensé que ese podría ser el himno de mi generación: habla de quedarse despierto toda la noche, alcoholizándose, enamorándose, divirtiéndose. Aunque en realidad estas dos canciones (yo digo) son la conexión que hace Daft Punk entre la cultura disco de los setentas y nuestra generación (de los noventas a nuestros días), al menos de aquello que fuimos a fiestas raves, frecuentamos clubes y sudamos toda la noche al ritmo del DJ, yéndonos de after para seguir bailando y "con suerte" ("luckly") terminar acompañados en la madrugada: "she's up all night 'til the sun / I'm up all night to get some / She's up all night for good fun / I'm up all night to get lucky" ("ella se queda toda la noche hasta el sol / yo me quedo toda la noche para obtener un poco / ella se queda toda la noche por buena diversión / yo me quedo toda la noche para estar suertudo").
La última canción, Contact, tiene un sampleo (el único en el disco) de la pieza We Ride Tonight de la banda de rock The Sherbs, cerrando así la exploración de ritmos de los 70s y su reinterpretación, haciendo un homenaje a la serie de personajes que influyeron esta música y a los propios Daft Punk.
Las colaboraciones de otras bandas y músicos de diversos géneros y generaciones, hacen que este disco sea más humano que sus anteriores (definitivamente más que Human After All), lo que me sacó de onda, al menos a mí que soy fanática de sus cascos espaciales (¿cómo dos cascos pueden ser tan putamente sexies?).
El disco logra sorprender porque aún conservan su esencia, su tendencia a la satirización, lo lúdico y la remembranza de sus maestros. Entre varios amigos que tenemos diferentes gustos musicales, a todos nos gusta Daft Punk. Recuerdo cuando yo andaba metida en el ambiente industrial, nos conquistaron con sus temáticas cyborg, los metaleros son fans del soundtrack de Tron, los raverosos se volvieron locos con Human After All, a los houseros les entona desde el Homework y los más fresas los descubrieron con el lanzamiento de Discovery. Pero en general, todos sus discos tienen algo que envuelve y gusta a todo tipo de oyentes.
Random Access Memories es definitivamente un acceso a memorias del pasado que son totalmente azarosas, pero cobran sentido al realzar la ironía de lo pop, lo que fue y que ya no es, sin perder su encanto, al menos no para quienes hemos disfrutado de la música electrónica a través de las décadas de su existencia, sin tener que ver con lo generacional, pues, por ejemplo, yo no viví esos tiempos y sin embargo me alcanzaron (vi las series "Cosmos" de Carl Sagan, bailé Gloria Gaynor en la secundaria, escuché a mis tías cantar ABBA), así como Daft Punk va a alcanzar a las generaciones por venir, de eso podemos estar seguros.
Había sido un sueño de naufragio para despedir el año viejo. El
agua llenaba poco a poco la habitación, mientras yo hacía una
maleta y era apurada por el caudal creciente que en algún punto me ahogaría, pero también por la sensación de que debía tomar un camión o un avión que partiría en pocos minutos. Me encontré luego en un baño de azulejos amarillos, un baño como de escuela o institución gubernamental, con una ventanita por donde entraba la luz e iluminaba mi lado derecho. Yo en
claroscuro. Por la puerta, de entre la penumbra, aparecías tú. A medida que entrabas al cuartito ibas
siendo tocado por la luz, venías a mí, me dabas un beso. Yo te decía que ya me tenía que ir, pues sabía que debía tomar un camión o un avión en pocos minutos. Luego una laguna mental. Gracias a la no-continuidad del sueño, borracha de luz y de beso, lo próximo que recuerdo es haber abierto los ojos en la primera mañana de enero.
Este articulo lo escribí para la extinta página de promoción artística Tampico Cultural hace un par de años, hoy lo publico aquí a petición de los compas y en homenaje a la raza rocker que me vio crecer.
Aquellos buenos tiempos del rock tampiqueño.
Gracias a Obed Zapata, por refrescarme la memoria.
Incursioné en el mundo del rock tampiqueño tardíamente. Yo apenas tenía
dieciséis años de edad y ya existían bandas como Anton, que llevaban casi una década tocando. Mi banda Menstrual Power fue de las primeras en el puerto formadas por
puras mujeres (con Melissa Ortuño en el bajo, Sandra Hernández en la batería -quien
ahora toca en Empire Darkness- y yo en la guitarra y voz); cuando empezamos a
tocar ya existían el RockFabrik y el Bar Obrero, de vez en cuando se hacían
tocadas en bares anónimos (cualquier bar de mala muerte) o en fiestas caseras.
Pero antes –mucho antes de nosotras-, existió el Metal Garage donde tocaban
bandas como Aquelarre, Anton, Los de Abajo, Lenguas Muertas, Radical Sista, etc.
Después abrió La Kaza Café
Rock (lo que ahora es Dolce) y se hacían eventos organizados mayormente por
Toño Díaz, quien tenía su negocio en el Macalito -único lugar donde podía
conseguirse material rockero, ya que eran los tiempos del cassette y no existía
el Internet-. En ese entonces predominaba la escena metalera y punk: Hecatombe,
Cygnus, Antiquus, Fuscion Ácida, La
Contra, Guante Blanco. Después vino Atrapados en los 60s (en la Ave. 1ero de Mayo, Cd.
Madero), donde casi siempre tocaban las bandas metaleras mencionadas y
The Forensic, así como bandas de heavy y otras de hardcore-punk como Convicción.
Por esas épocas, el gran apoyo a la escena lo ejercían dos factores: (1)
la tienda de Toño Díaz donde se juntaban metaleros y punks a “cotorrockear” (que
después se movió al centro de Tampico y se convirtió en Urban Noise); y (2) una
estación de Cd. Victoria llamada Radio Tamaulipas. En ésta había un programa transmitido
de 9 a 11 donde
ponían bandas rockeras de todo el estado. Gracias a ello, los tampiqueños se
hicieron amigos de otras bandas de la región, empezaron a tocar fuera de Tampico
y a traer bandas de otras ciudades (Cd. Victoria, Laredo, Matamoros, Valles,
Poza Rica, etc.)
A partir de aquí entré yo. Fui llevada al RockFabrik por un amigo cuyo
hermano mayor tocaba en Argoth. Nos sentaron en el área de “menores de edad” y
tomé piñas coladas sin alcohol, impresionada por la decoración industrial que
le daba un aire sombrío, irreverente: rockero.
El RockFabrik (ubicado en Ayuntamiento) acababa de abrir. Su propietario
Manuel Ramos, con una propuesta launge, ofrecía rock en vivo de jueves a
domingo y formaba tocadas por género musical, permitiendo además de los géneros
ya existentes la entrada al alternativo, al nu-metal y poco a poco a estilos
que nunca se habían tocado en el puerto, como gothic metal, folk metal, industrial,
lo que serían los principios del indie, etc. Ahí fue cuando formamos nuestra
banda Menstrual Power, influenciadas por el post-punk y por Kittie, resultando
en un rock experimental que de rudo no tenía nada, sólo nuestra forma de vestir
(ja).
Por el RockFabrik pasaron muchas bandas. Las que recuerdo eran(disculpen si se me escapa alguna): Arteria
de Hule, Claroscuro, Lenguas Muertas, Barracuda, Clavo, Tetralogía de Fallot, Adlibitum,
Doriz, Orwell, Los Guillén, Muestra Gratis, Kromo, Player 2, Caja Negra, Shubidubis
Band, Vade Retro, Ácida, La
Contra, Cuarto Menguante, Infinita, Zion, Némesis, Dislexia, Again
Fuckin Down, Convicción, Actitud, Antiquus, Anton, Evil Entourage, Sarcoma,
Hecatombe, Black Abomination, Imperium, Lords of Chaos, Empire Darkness, The
Forensic, Menstrual Power, Nerea (también de las primeras bandas de mujeres), solistas
como El Caimán y el mítico Dr. Manzur, la banda de planta Argoth y la propia
banda de Manuel Ramos, RPM.
Pero como el rock se trata de headbangear, dar brincos y golpes, el
RockFabrik por su tamaño no se prestó (creo que sólo en un par de ocasiones se
permitió el slam y las consecuencias fueron desastrosas), así que muchos –sobre
todo los punks y hardcoreros- comenzaron a desertar hacia una nueva opción: el
Bar Obrero, perteneciente a Mayra Osorio.
En mi opinión, fueron las épocas en que más viva estuvo la escena. Obed
Lam fundó la página de Tampico Rock (www.tampicorock.com)
y cubrió todos los eventos donde las bandas hacían aparición, en dicha página
había una agenda del rock tampiqueño, salían las fotos de los toquines, las
biografías de las bandas, incluso tenía un foro de discusión donde a veces los
pleitos trascendían el Internet, formando verdaderas rivalidades entre las personas
y bandas implicadas.
La rivalidad también se extendió a las sedes del rock, pues como es
natural en todo negocio, Bar Obrero y RockFabrik empezaron a hacerse
competencia, lo cual lejos de resultar negativo, fue enriquecedor para la
escena: había tocadas al por mayor (hasta se empalmaban: a veces una banda
tocaba en un lugar y rápidamente cargaba instrumentos para irse a tocar al
otro), concursos, guerras de bandas, entrega de Music Awards donde se premiaba
a “la mejor banda”, “la banda revelación”, “la mejor canción”, ¿cómo olvidar
los trofeos del Bar Obrero que imitaban al Oscar, pero hechos con muñecas
barbies teiboleras?
Así, punks, metaleros, hardcoreros, góticos y alternativos comenzaron a hacerse
un grupo homogéneo debido al florecimiento de la escena gracias a los dos bares
y a tampicorock.com. También gracias a las tiendas como la de Blackie (ex
bajista de Anton que publicaba un FanZine de metal) donde se juntaban los
músicos. Por último, también gracias a las intensas tocadas en fiestas caseras
que se hacían cada fin de semana (quien las vivió, recordará el legendario
“Chocolatazo” hecho con mezcal, Lechera y Coca-Cola).
Por supuesto, cada quien tenía sus bandas amigas con las que más se
juntaba, los lugares de ensayo se convertían en refugios para cada “clica” y
unos terminaban jalando más hacia RockFabrik que al Bar Obrero o viceversa.
Pero en general, un jueves, viernes o sábado de tocada, implicaba diversidad.
Es lo que más me gustaba, porque a fin de cuentas todos teníamos esa
“personalidad rockera” de libertad, mente abierta y gusto por la fiesta, por la
música.
Igualmente se fue dando una compenetración del rock con la playa: muchos
nos juntábamos ahí por las noches, con el metal a todo volumen en los automóviles
estacionados frente a la avenida. Estaba de moda ir al Hospital Naturista,
donde nos emborrachábamos a sus afueras bajo la luna o en medio de la oscuridad
de las habitaciones abandonadas (y a veces, aunque parezca mentira, uno se
encontraba amigos como si de una fiesta se tratara). Surgió también el Hoyo
Funky, otro bar en la entrada de la playa que ofrecía tocadas y raves. En Semana Santa los escenarios en
la arena y con la brisa marina eran dominados por bandas locales. Éramos
verdaderos rockers costeños.
Después la playa se llenó de violencia e inseguridad. El RockFabrik
cerró. Muchos ya no se identificaron con el Bar Obrero -que desde un principio tuvo
un carácter más extremoso- y dejaron de ir a las tocadas. La página de Tampico
Rock dejó de funcionar. Algunos músicos se fueron de Tampico y sus bandas
desaparecieron para dar paso a otras nuevas, las cuales vendrían a formar parte
de una generación rockera que a mí ya no me tocó. Algunas “bandas de siempre” se
conservaron intactas y otras que eran novatas alcanzaron una muy buena calidad.
Y así fue, a grandes rasgos, el fin de una era y el inicio de otra de la que yo
ya no puedo hablarles. Sin embargo, la que yo recuerdo, esa que me tocó, me
atrevería a decir que fue “la época dorada del rock tampiqueño”.