martes, 15 de mayo de 2018

Maestros, maestros por todas partes.

Recuerdo con cariño a la maestra Tencha, mi profesora de literatura en la secundaria. En ese tiempo yo era dark y rebelde. Un día volví del receso para encontrarla leyendo mi cuaderno donde solía escribir poemas y hacer dibujos súper elaborados, a ese cuaderno le dedicaba todas las horas que no le dedicaba a la socialización.
     Al principio me mostré recelosa de mi privacidad, pero ella se portó buena onda, preguntó de dónde había copiado los poemas, le respondí que yo los había escrito y entonces opinó que escribía muy bien para una chica de mi edad. Más tarde en el año me comentó: "Erika, cuando publiques un libro no te olvides de mí, házmelo llegar que me encantará leerte", también me regaló pases para ver a Carlos Fuentes en el Festival Letras en el Golfo. Ese fue mi primer contacto real con la literatura, la primera vez que alguien ponía en mi cabeza la idea de dedicarme a ella, además de mostrarme que los escritores existían como personas comunes de carne y hueso; no me pareció difícil entonces decir "quiero ser escritora". 
     La maestra Tencha supo que publicaría un libro antes de que yo misma lo supiera, ella creyó en mí y es por profesores/amigos como ella que estoy aquí, echándole ganas a este oficio que puede llegar a ser ingrato pero es también satisfactorio. En Estados Unidos no existe un día del maestro como en México, pero existe "la semana de apreciación del maestro", algo celebrado sólo por la comunidad escolar. En México cualquier excusa vale para hacer fiesta. Extraño un poco eso: el día del maestro es sonado en las noticias, en los microbuses, en las sobremesas, en las redes sociales, en los grupos de chat.
     Así que quiero tomar un momento para agradacerles a mis maestros, gracias a quienes soy la profesionista que soy. Creo que los puedo contar como amigos y tienen un lugar especial en mi corazón. De la prepa: Gabriela Brito, Román René Orozco y el padre Pepe Mendez Alcaraz. De la licenciatura: Vladimir Guerrero, Monica Torres Torija, José Antonio García Pérez, Humberto Payan, Alma Trejo y Reina Armendáriz. De la maestría: Santiago Daydi-Tolson, Melissa Wallace, Francisco Marcos-Marín, Marlgorzata Ollewskewicz-Peralba, Jack Himelblau. Maestros de taller: Julián Herbert, Gerardo Segura, Eduardo Antonio Parra, Amélie Olaiz y Cristina Rivera Garza. Eso sin contar a los profesores que me han transmitido conocimientos a través de sus libros pero que no he conocido en persona. Pero sobretodo quiero reconocer a los más importantes, mis maestros de vida, los profesores no académicos que me enseñan lecciones existenciales todo el tiempo con el simple hecho de compartir conmigo su vida, entre ellos se cuentan todos mis amigos y familiares.

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