sábado, 26 de agosto de 2017

Un poema en téenek, la lengua huasteca.

La poesía prehispánica en Tamaulipas existió mayormente en forma de cantos rituales de guerra o a la naturaleza. Pero se sabe de un poema, sin embargo, que data de la época y habla de los conquistadores que llegaron a tierra mexicana. Quizás sea el primer poema que podamos considerar poesía tamaulipeca.

Se trata de una pieza lírica con ritmo musical (¿escrito, tal vez, con la intención de ser cantado?) en donde se narran las impresiones de un indio huasteco al avistar las primeras naves españolas que aparecen en las costas de Tampico, una experiencia que seguramente el autor del poema vivió. A continuación transcribo el poema en téneek y su traducción desde el libro Historia de la literatura en Tamaulipas Tomo III de Carlos González Salas publicado en 1980.


jueves, 27 de julio de 2017

Todo inmigrante es un aventurero

Soy una inmigrante mexicana viviendo en una ciudad de Texas, la ciudad más multicultural de Texas, donde la mayoría de la población habla el inglés con acento extranjero. El mío lo han confundido con acento francés, griego y ruso. Pero la población que más abunda es la de inmigrantes del Medio Oriente.

En un año de interactuar con la comunidad, me han preguntado tres veces que si soy de Nepal, dos veces si soy de Persia, una vez si soy de Irán. Dos chicas se me acercaron en un bar a enseñarme una fotografía de una amiga suya de Bangladesh "igualita a mí"; una vez un niño intentó hablarme en nepalí y otra más una pareja de musulmanes al ver mi apellido me preguntaron que si soy de Marruecos. Siempre se impresionan cuando digo que soy mexicana.

Es verdad que llevo un apellido árabe, el padre de mi padre llegó de Líbano a México en los años treinta y se casó con mi abuelita quien por su pinta y la de sus hermanas yo adivino que tiene genes eslávicos o germánicos. De ahí proviene mi mestizaje entre raza árabe y europea. Del otro lado de la familia, mi familia materna, mi tatarabuelo llegaba de España y engendraba descendencia que luego se mezclaría con los genes mestizos de mi otro abuelo, el mexicano. Mi ascendencia fue vertiéndose una sobre otra hasta derivar en lo que ahora soy, sea lo que sea que soy: el último eslabón de la cadena, el presente de todo este entramado genético en cuya historia debió haber incontables narrativas de amor, de alegrías, pero también de tragedias y dolores que cargo sin ser consciente de ello.

Algo se me despierta en el corazón cuando conozco a estas personas del Medio Oriente y las observo encontrar en mí algo de ellos, de sus culturas, de sus genes, rasgos con los que están familiarizados. Estos encuentros me hacen consciente del pasado que no conocí, me muestran otra perspectiva de mi biología: mi genética árabe que porto a flor de piel y la cual a veces ni tomo en cuenta.

Me gusta pensar que esas personas ven en mí, vivo, el pasado cultural que me hermana con ellos, como si no fuera yo sino mi árbol genealógico el que les sonríe y les contesta: "no, no soy de allá, pero mi abuelo llegó de Líbano...". Y me preparo para después escuchar sus historias de inmigración, seguramente muy parecidas a la de mi abuelo, seguramente muy parecidas a cualquier historia de inmigración: un joven pobre y soñador deja su país en busca de nuevos horizontes, comienza una empresa, la empresa de su vida, sea ésta construir una familia o poner una tienda o alcanzar cualquiera que fuera el sueño que en su país no pudo alcanzar. Todo inmigrante es un aventurero, por necesidad o por decisión, al final sus aventuras desembocan en lo mismo: amor, alegrías, tragedias, dolores, sepultar el pasado, vivir el presente, prepararse para el futuro, donde quizá alguna vez sus tataranietos se pregunten cómo era él, cómo fue su vida.

viernes, 14 de julio de 2017

Jung y el Tarot: Un viaje arquetípico.


Esto va para la gente que cree que el Tarot es del diablo 👹 jaja. Nada más alejado de la realidad que la idea del Tarot como brujería o herramienta maligna, esa es la visión que se han encargado de promover los medios de poder desde tiempos antiguos, pues a ellos no les conviene que nos conozcamos a nosotros mismos y el Tarot, como cualquier otro oráculo, no es más que un instrumento de autoconocimiento, de conexión con lo profundo de nosotros. 

Actualmente algunos psicólogos usan las cartas del Tarot en sus terapias, ya que éstas permiten al paciente proyectarse en las imágenes. Al tirar las cartas el paciente está dibujando un mapa de su subconsciente, que es fácil de interpretar para el psicólogo o cualquiera que esté iniciado en el entendimiento de estos arquetipos y símbolos. Estoy leyendo el libro "Jung y el Tarot: un viaje arquetípico", donde explican la disección que el célebre Carl G. Jung hizo de cada una de las imágenes en el Tarot, él las relaciona con arquetipos universales a los que nuestro subconsciente responde naturalmente. Por ejemplo, las cartas del Emperador y la Emperatriz representan los arquetipos del padre y la madre. Todos hemos tenido padre y madre y, si no, al menos sabemos lo que son, pues los vemos a nuestro rededor, tenemos una idea de la función que cumplen en la vida de una persona y en la sociedad. Si estas dos cartas aparecen en nuestra tirada, nos hablarán de la relación que tenemos con nuestros propios padres o bien, con jefes, maestros u otras personas que inconscientemente relacionamos a la figura materna y paterna. 

Así, cada carta carga un valor simbólico para nuestro subconsciente. Obviamente la guía de un buen tarotista importa, pues al interpretar también influye su propia concepción del mundo y nivel de intuición. Si es muy negativo, se enfocará en aspectos negativos, si es más optimista la lectura tomará otro rumbo. Si tiene intuición, el paciente se llevará una sorpresa y dirá "¿cómo es que esta desconocida sabe tanto de mí?", pero no es que lo sepa, es que en el Tarot se proyecta su subconsciente. 

Habría muchísimo más de qué hablar sobre el tema, sólo quería hacer esta pequeña nota para ir venciendo prejuicios.

sábado, 1 de julio de 2017

2da parte: 12 películas para mujeres que pronto tendrán 30 años

Crecer te saca de tu zona de comfort, especialmente cuando tienes que dejar la comodidad, diversión y romanticismo de los 20, para enfrentar la realidad como una mujer de 30. Tu mente dice "venga, sigamos en el desmadre", pero tu cuerpo te castiga con terribles resacas, achaques, muelas del juicio. Continúas sintiéndote una chavalita, pero la sociedad te exige que te comportes como una mujer, que hagas algo importante con tu vida. ¿Comprometerte para siempre o quedarte soltera? ¿Tener hijos o estudiar un doctorado? ¿Irte a vivir sola o seguir dependiendo de tus viejos? Son preguntas que urge resolver a esta edad. Empezar a ahorrar para una casa, pagar deudas, tener un trabajo en el que no te valoran, mientras recuerdas los años en la preparatoria, cuando tu única preocupación era pasar las materias. Quizás eras la primera de tu clase o te graduaste Cum Laude, quizá en la uni descubriste que eras buena para algo y, cuando todo parecía tan fácil, te graduaste, creciste, llegó el futuro y te enseñó que life's a bitch

Este conteo de 12 películas independientes está ordenado desde aquellos filmes que tratan sobre chicas viviendo los primeros años de la década de sus 20 (primera parte), a aquellos que examinan la entrada en la década de los 30: 


6. Miss Stevens (Estados Unidos, 2016), la encuentras en Netflix: Rachel Stevens tiene 29 años y es maestra de preparatoria. Le toca llevar a tres estudiantes a una competencia de teatro fuera de la ciudad. Los muchachos, por ser adolescentes, se encuentran en esa etapa donde uno comienza a construir su identidad y cada uno posee su propia personalidad estereotípica: Margot la nerd, Sam el alegre y Billy, el sensible, casi oscuro. Con éste último Miss Stevens (Lily Rabe) encuentra afinidad debido a que, a pesar de sobrepasarlo por más de diez años, ambos transitan por crisis existenciales similares de sufrimiento y soledad. El hecho de que maestra y alumno compartan sus sentimientos uno con el otro, permite al espectador comparar ambas crisis de acuerdo a la edad que tienen: mientras Billy es impulsivo y aún no sabe dilucidar entre lo que está bien y lo que está mal (pues, dicho sea de paso, a esa edad no está desarrollada la corteza prefrontal del cerebro, la que se encarga de medir las consecuencias), Miss Stevens logra controlar mejor esos impulsos, aunque no sin esfuerzo. Se trata de una mujer que tiene su vida material más o menos resuelta: trabajo, automóvil, departamento, pero acaba de perder a su madre y esto la tiene hundida en un caos emocional, pues al carecer de alguien que cuide de ella -una mamá, una pareja o amigos-, se vuelve a convertir, simbólicamente, en una adolescente que deberá salir adelante y dejar atrás sus temores.


5. Lifeguard (Estados Unidos, 2013), la encuentras en Netflix: Otra más para las que aún nos emborrachamos en fiestas y pensamos que son guapos los muchachos de veintidós: no es que nos neguemos a madurar, es que simplemente no es fácil volverse adulta de la noche a la mañana. Eso le sucede a Leigh (Kristen Bell), protagonista de Lifeguard, una mujer de 29 años que, tras una vida de "logros" (o a lo que le llamamos logros en nuestra sociedad, como dar el discurso de graduación, mudarse a la gran ciudad y obtener un trabajo en un importante periódico), un día se da cuenta que no es feliz. Así, renuncia a su vida en Nueva York y regresa a su pueblito natal a encontrarse a sí misma. Ahí volverá a su trabajo de juventud como salvavidas en una piscina. Sin darse cuenta, ella y sus amigos de la prepa -chavorrucos como ella- estarán viviendo esa fase juvenil de salir a deshoras, involucrarse en drogas y juntarse con "malas influencias", dándole un fuerte dolor de cabeza a sus padres o a su esposo, en el caso de Mel, la mejor amiga de Leigh. Los tres adultos jóvenes que aparecen en esta comedia dramática (Leigh, Mel y su amigo Todd) se hallan en crisis-de-cuarto-de-siglo cada quien a su manera. Mientras Leigh se justifica bajo el hecho de que nunca vivió esa etapa de rebeldía cuando fue más joven (por haber sido siempre una nerd dedicada a sus estudios), los otros dos personajes también tienen sus propias razones y dilemas existenciales, lo cual demuestra que son contratiempos comunes de los casi-treinta en nuestra época.



4. Metalhead (Islandia, 2013), la encuentras en Youtube: Esta va para aquellas que alguna vez en nuestra pubertad intentamos ser cool para agradar a los demás (o asustarlos, según sea el caso). El caso de esta película es más radical. Hera, una joven de familia campesina, pasa por la tragedia de ver morir a su hermano, quien escuchaba a Motorhead y usaba playeras de Judas Priest. En una especie de tributo a él, a los 12 años quema toda su ropa de niña y crece vistiendo las prendas negras que él dejó atrás, escuchando música metal y tocando la guitarra eléctrica. Así llega a los casi-treinta convertida en una reina del black metal. Hera trata de ser cool para agradar a alguien que ya ni siquiera vive. La sensación de que "Dios es injusto" es su leiv motiv pero a la vez lo que le impide construir una vida estable. Este filme lidia con el tema de la pérdida de un ser querido y lo devastador que puede ser para una joven cuya personalidad está en construcción. Sus padres, desesperados por su rebeldía y su incapacidad de comportarse no sólo como una chica normal, sino como una de 30 años, buscan ayuda con el sacerdote local, quien resulta ser aficionado del heavy metal. Es obvio que Hera se enamorará de él, tan sola y aislada como se encuentra, pero el padrecito no siente por ella más que la compasión de un pastor por su oveja. Todos estos conflictos -la pérdida de alguien que amas, el rechazo de un enamorado, el sentir que no perteneces, que eres diferente a tu familia, a tu sociedad, la impresión de haber nacido en el lugar equivocado y las ganas de querer largarte de donde estás- pueden desatar tu ira si eres una chica como Hera. Si no eres tan extremista, al menos quedarás exhausta y triste hasta que, como ella, descubras tus talentos, encuentres tu propósito y tu lugar en este mundo.


3.  Lola Versus (Estados Unidos, 2012): Protagonizada por Greta Gerwing (la misma que encarnó a Frances Ha), Lola es una muchacha a punto de cumplir los 30 años cuando el único novio que ha tenido en toda su vida -ahora su prometido-, la bota a pocos días de casarse. Éste momento dispara su crisis de edad, porque a los 30 una cree que ya debió haber alcanzado sus sueños: te has graduado de la uni, quizá empezaste un posgrado, el siguiente paso es casarte y preparte para lo que sigue: los hijos, ¡y a vivir feliz para siempre! ¿No? Saber que debes empezar de cero... ¡horror! De la noche a la mañana los planes de Lola para un futuro brillante se le vienen abajo, esto dispara en ella obsesiones compulsivas, como devorar comida chatarra, revisar su teléfono cada minuto o ir a fiestas a buscar el amor (más bien sólo necesita un poco de atención para no sentirse sola). Es así como termina hiriendo a su nuevo prospecto amoroso, cuando éste descubre que se acaba de acostar con otro. Aquí Lola se excusa con una de mis frases favoritas en el cine de comedia: hey, no te vayas, soy medio puta, pero soy buena persona. Ya que somos mujeres fuertes del siglo XXI, como Lola buscaremos ayuda en amigos, terapeutas e incluso brujas o chamanes, hasta que comprendamos que las respuestas no vienen de afuera, sino que están dentro de nosotras mismas.


2. Slow Learners (Estados Unidos, 2015), la encuentras en Netflix: Esta peli me encantó. No se trata sólo de una mujer treintona, sino que incluye a un co-protagonista masculino que sufre la misma crisis de edad. Aunque aquí la crisis es a la inversa. En lugar de haber vivido la fiesta y la locura a los veinte y llegar a los treinta incapaces de dejarla, estos dos muchachos son unos geeks con vidas aburridas. Profesores de educación media (¡como yo!), un verano de repente comprenden que les falta sazón a sus vidas. Es así como se proponen cambiar para convertirse en gente en onda y poder acceder a cosas divertidas como el sexo, la moda, la vida refinada, la popularidad en los bares y... ¿ya dije el sexo? Sin embargo, integrarse a la sociedad les cuesta muchísimo por tratarse de un par de inadaptados: deberán leer libros, instruirse con reality shows y tomar lecciones provenientes de verdadera gente cool para lograrlo. Como buenos nerds, alcanzarán sus objetivos, sólo para descubrir que es más valioso ser auténticos que vivir bajo las normas de una sociedad cambiante y frívola. La peli se titula Slow Learner como una ironía, la frase se traduce literalmente a "estudiante de lento aprendizaje" y es un término que en educación se le otorga a niños con problemas didácticos.


1. Young Adult (Estados Unidos, 2011): "Todos crecemos, pero no todos crecemos", dice el trailer de esta película donde la conocida actriz Charlize Theron interpreta a Mavis, una mujer en los primeros años de sus treinta que, como muchas de las protagonistas en este listado de películas, vuelven a su ciudad natal después de haber vivido en otra ciudad, cargando con un bagaje de insatisfacción personal, por lo que se encuentran a la cacería de su realización personal, en la búsqueda de esa tierra prometida de estabilidad y éxito que algunas mujeres creemos encontrar en la profesión, otras en las amistades y otras en la familia o el amor. Pero Mavis es diferente a las demás chicas de este conteo por el simple hecho de que desde las primeras escenas el espectador comienza odiándola. Un poco en la línea de Lifeguard, esta mujer regresa y conecta con sus compañeros de la preparatoria -quienes no la tienen en buena estima- y se obsesiona con recuperar a su ex-novio Buddy (Patrick Wilson), ahora convertido en un hombre felizmente casado y a la espera de un bebé. Esto no será impedimento para la sicótica Mavis. A diferencia de Leigh en Lifeguard quien durante la prepa fue la nerd, o de los protagonistas de Slow Learners quienes fueron los perdedores, Mavis fue la porrista popular, atractiva, invitada a todas las fiestas y que siempre se salía con la suya. Pero muchos años han pasado de eso y aunque su cuerpo sea ahora el de una mujer adulta, su mente sigue siendo la de una adolescente caprichosa, megalómana e insoportable. A medida que ella queda como estúpida en cada situación que enfrenta, la espectadora de esta película se ríe de su inmadurez o a veces siente pena ajena, sabiendo que en el fondo también quedan residuos en nosotras de esa niña mimada y voluntariosa que se niega a crecer.

viernes, 26 de mayo de 2017

Instantánea de otro incendio (Summerlove remix)


Luego de años, Fanny volvió a ver a Leonard durante una fiesta. Hasta ese momento no había pensado antes en él, quizá por temor, quizá por pereza. Estaba de visita en la ciudad de su pasado debido a un asunto laboral y, previa al viaje, una corazonada le indicó que habría de enfrentarse otra vez a los dolores de una herida mal sanada, habría que saldar cuentas, encarar lo ocurrido ahora convertida en adulta.

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Una sombra se dibujó bajo el marco de la puerta. "Fanny", dijo la voz, la voz de la sombra, una voz masculina que no la llamaba, sólo enunciaba su nombre, como confirmando que aún existía la persona que respondía a él, como comprobando que era la misma Fanny a quien había llamado así años atrás, bajo el ardid de la juventud y el enamoramiento. El tiempo había desteñido ese enamoramiento, pero éste resurgía de las profundidades ahora que él pronunciaba su nombre.

La bestia que yacía moribunda en su corazón se irguió con curiosidad y ella también pudo sentirla, porque ella también la traía consigo, entre los dos la habían creado, la habían dado a luz. Lo sorprendente -terrorífico y dulce a la vez- era constatar que la bestia no estaba muerta como ambos habían creído, sino que se hallaba dormida a la espera de ese instante.

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La fiesta se llevó a cabo la misma noche en que Fanny llegó a Pueblo Alegre. Estaba sentada en una silla de plástico, pegada a la barda que da límite al pequeño patio trasero de la casa del Che, anfitrión y antiguo compañero de la universidad. La silla se ubicaba a unos metros frente a la puerta de entrada, bajo la cual ella apareció minutos antes, saludando a sus viejos amigos quienes la recibieron con alboroto. Le ofrecieron el mejor asiento como muestra de acogedora bienvenida. Los demás se encontraban tumbados en el suelo, unos recargados en la jardinera. La única fémina aparte de ella era una muchacha que no conocía y que se hallaba en un banquito de tamaño infantil.

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La verdad es que llegó a Pueblo Alegre pensando en Eddy, otro amor añejo quien, sin embargo, nunca volvió a aparecérsele, pues más tarde lo comprobaría, ése era caso cerrado: el destino no la reunió con él, la reunió con Leonard.

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En sí, la atención de Fanny no fue capturada por el llamamiento de su nombre sino por la trepidación de la voz que tenía aquella sombra, el sonido específico y el efecto de esa voz sobre ella. Saltó de la silla y pronto se encontró dibujando una segunda sombra con su cuerpo en la contraluz de la puerta. Las dos sombras se convirtieron en una cuando ella exclamó, en voz muy queda, "¡Leonard!" y lo rodeó con sus brazos.

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Estaba oscuro, sólo alumbraba la luz que provenía del interior de la casa, de donde también salían música, risas y personas que se iban incorporando al grupo del exterior. Fumaron mariguana y escucharon a Fanny hablar, tenía tanto que contarles. Ellos, aquejados por la costumbre de ver los mismos rostros de siempre, se mostraron agradecidos al tener una visitante arribada de un pasado remoto, en el cual llegaron a compartir tantas aventuras.

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El abrazo duró apenas un minuto, suficiente para transportarlos a ambos en el tiempo. Palpar sus cuerpos de nuevo hizo que todo se sintiera igual a la primera vez: un pequeño incendio que aún no se sabe si se apagará, o arderá incontrolablemente.

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Los viejos compañeros de universidad conocían la historia de Fanny y Leonard, por tanto se hicieron cómplices del reencuentro, al verlos juntos sintieron cierta satisfacción, cierta empatía con deseos de ir al pasado, como sus dos amigos lo hacían en ese momento. Pero Leonard debía volver al presente, a la adultez, a los protocolos humanos. Tomó el brazo de Fanny, entrelazando sus dedos a los de ella en una muestra oculta de afecto y, mientras la dirigía hacia afuera, rumbo al banquito donde la otra muchacha estaba sentada, le anunció: "te presento a mi novia".

domingo, 26 de marzo de 2017

1era parte: 12 películas para mujeres que pronto tendrán 30 años

Tengo treinta y un años. Mi crisis-de-cuarto-de-siglo se prolongó desde los veintiséis hasta ahora que -¡por fin!- voy de salida. A continuación, la primera parte de una lista de 12 películas independientes. Todas ellas reflejan los conflictos existenciales por los que debemos transitar durante ese período intermedio entre la adolescencia y la adultez. Pertenecen al género que en inglés llaman coming of age y las protagonistas son chavas de edades entre los veinte (primera parte) y los tempranos treinta (segunda parte). 

Sirvan estas comedias como piezas de arte inspiradoras, con el fin de hacer ver a las lectoras que nuestras crisis no son porque estemos locas, sino porque somos humanas, que la incertidumbre, la histeria y la confusión pasarán, como todo pasa. 

12. Adult World (Estados Unidos, 2004, la encuentras en Netflix): No me pareció tan buena pieza cinematográfica pero es entretenida al punto de las carcajadas y retrata muy bien el comportamiento pretensioso de la mayoría de los jóvenes con aspiraciones artísticas, sobretodo los recién egresados de la uni, quienes deben enfrentarse solos a un mundo hostil. Amy (Emma Robberts) es una chica ingenua y tan idealista que aún cree que es posible en pleno siglo XXI ser una "poeta maldita" y vivir de la misma forma en que vivieron ídolos literarios suyos como Sylvia Plath. Esa es otra característica de la edad: pones en pedestales a tus maestros o a quienes admiras (como Amy lo hace con el poeta fracasado Rat Billings -una rata humana, cual su nombre lo indica, protagonizado por John Cusack-). La prepotencia de la joven mezclada a su cándida estupidez, le impiden ver cuándo están abusando de ella y cuándo está quedando como una imbécil. No tener dinero, negarte a recibir apoyo de tus padres, no tener talento, no tener planes para el futuro salvo sueños fantásticos que difícilmente se cumplirán -aunque aún no lo sepas-, son desvelos cada vez menos importantes a medida que creces, consigues trabajo, adquieres independencia y recuperas tu autoestima, quizá auto-afirmándote a través de un novio que te respete o de un maestro que, por las malas, te haga poner los pies en la tierra.


11. Little Sister (Estados Unidos, 2016, la encuentras en Netflix): Colleen, ex-gótica de unos 21 años, se encuentra en el noviciado para convertirse en monja. Debe volver a su ciudad de origen y lidiar con problemas familiares que incluyen a una madre que fue suicida -ahora adicta a las drogas recreacionales-, un papá con infantilismo y un hermano a quien acaban de dar de alta del hospital donde convaleció por meses tras haber sido víctima de un bombazo en la guerra de Iraq, mientras servía a las fuerzas navales norteamericanas. Entre referencias políticas en donde la campaña de Obama es protagonista (retratando ese Estados Unidos asqueado de lo mismo, en incertidumbre por un cambio), la peli se desarrolla cuando Colleen (Addison Timlin) retoma su estética gótica con el fin de elevar el ánimo de su hermano Jacob (Keith Poulson), deformado por las quemaduras y con la autoestima por los suelos. Ser góticos era algo que compartían cuando estaban en la escuela y, a la distancia de los años, el espectador comprende por qué en el pasado este par había adquirido, por decisión propia, esa estética de "monstruos", mientras que ahora Jacob no tiene otra opción salvo ser uno. Al regresar a su era gótica Colleen intenta recordarle a Jacob cuán acostumbrados estaban a ser "los raritos", a lidiar con el mundo desde la perspectiva de la otredad (y en un plano simbólico ellos representan a los demócratas que, en la vida real, votaron por Obama: grupos minoritarios, oprimidos, marginales). Así pues, en la peli, el pasado se aborda desde la perspectiva fresca y objetiva del presente: mientras los adultos aparecen completamente cambiados (por pertenecer a otra generación y a otra época política, y vaya, vivir otra etapa de sus vidas), los jóvenes siguen exactamente igual que cuando adolescentes, excepto por Colleen y Jacob, cuyas experiencias de vida dolorosas los han obligado a madurar.

10. Tiny Furniture (Estados Unidos, 2010, la encuentras en Netflix): Parecida a Adult World, esta peli trata de una chica que se encuentra en el limbo entre salir de la universidad y entrar en el mundo laboral, en ese espacio en el que no tienes nada qué hacer ni idea de lo que harás: has dejado tu vida (si alguna vez tuviste una) en la ciudad donde estudiaste y vuelves a casa para encontrar que no encajas en ninguna parte porque, para empezar, por eso te largaste de ahí a la primera oportunidad que tuviste, aunque en la uni tampoco corriste con suerte  y te cuestionas si alguna vez las cosas han ido bien para ti. A diferencia de las protagonistas de los filmes anteriores, quienes al menos se regocijan en su miseria y terminan siendo heroínas, la protagonista de Tiny Furniture, Aura (Lena Dunham, también autora del guión y directora de la peli) es otro tipo de "perdedora", yo diría que una real: no tiene una pasión o un interés específico, posee nula inteligencia social y emocional, pero al menos sabe que merece algo mejor y hace múltiples intentos, aunque fallidos, por conseguirlo. Incluso el espectador llega a sentir vergüenza ajena con sus hazañas. Es así como la película resulta catártica: al hacernos pensar que, no importa cuán mal vaya nuestra vida, siempre habrá a quienes les va peor. No importa cuán perdedora te sientas, siempre habrá gente que es perdedora y ni siquiera lo sabe. Aura está rodeada de personas aparentemente exitosas, quienes la hacen ver aún más estúpida, pues tienen un propósito de vida y se aferran a él, aunque en el fondo todos sean igual de losers que ella. Es aquí donde el filme te hace cuestionar: ¿hay quién sea verdaderamente "ganador" o la vida se trata de ese lapso interminable en el que uno hace el esfuerzo por no estar tan mal, y ya?

8. Wild (Estados Unidos, 2014, la encuentras en Youtube)Cheryl (Reese Whiterspoon) es una chica cuya vida había sido común: familia no funcional, madre que trabajaba como maestra, un solo novio y un empleo de mesera mientras asistía a la Universidad de California en Berkeley (de las mejores del país, lo que da la impresión de que la chava tuvo ambiciones alguna vez). Con apenas 22 años y un montón de deudas estudiantiles, sobrelleva la muerte por cáncer de su madre. A partir de entonces se entrega a una vida de excesos que destruye su matrimonio y la hace sentir como mierda excepto en los ratos que tiene sexo o se droga, actividades sobre las cuales orbita su existencia. En este escenario llega a los 26 años, cuando comienza la película: decide dejarlo todo y embarcarse en un recorrido a pie que cruza las áreas silvestres de los estados California, Oregon y Washington. Debe luchar por su supervivencia y experimentar la vida en el descampado, pernoctando en su casa de campaña, con libros y una lámpara como únicos compañeros. Debe tocar fondo, aprender a valorar cosas básicas como un baño o una cama. En el viaje vivirá aventuras, pero lo importante es que irá dejando atrás el peso de su pasado, reflejado en recuerdos fragmentarios y simbolizado con la gran mochila de acampar que carga y la cual, a medida que avanza, se va haciendo más ligera.

9. Frances Ha (Estados Unidos, 2012, la encuentras en Netflix):  Frances aspira a ser una gran bailarina. Se graduó de Artes con especialización en Danza y ahora, a sus 27 años, se encuentra tocando puertas para tratar de hacer una carrera a partir de su pasión. Recordemos que estudiar una carrera no significa tener una carrera: es algo que se construye poco a poco, con perseverancia y efusión, dos cualidades que Frances posee. A pesar de que Frances (Greta Gerwig, pareja sentimental del director de la movie, Noah Baumbach) es un poco como Aura de Tiny Furniture (se desenvuelve mal en la sociedad, es inmadura,  caprichosa, impulsiva y en veces torpe), Frances tiene un propósito y no está dispuesta a darse por vencida tan fácil. También es uncool como Aura, no es chida. Rodeada de yuppies egocéntricos y aspirantes a artistas, debe sobrevivir en ese mundo competitivo con poco dinero y trabajos mal remunerados (dando clases de ballet a niñas pequeñas o de mesera en su ex-universidad). Como ella, fuimos muchas a los veintitantos años: adultas que siguen comportándose como niñas, persiguiendo un propósito sin saber bien cómo alcanzarlo. Esta peli nos enseña que los malos ratos pasan y que, tarde o temprano, habremos de madurar. ¿Alcanzaremos o no nuestros sueños? Puede que eso deje de importarnos después de pasar los veintitantos.

7Before Sunset (Estados Unidos, 2004): La segunda parte de una trilogía romántica en la que una pareja de distintos países se encuentra y se enamora en Europa. En el primer filme, de 1995, titulado Before Sunrise (Antes del Amanecer), una pareja de jóvenes veinteañeros formada por Jesse (Ethan Hawke) de Estados Unidos y Céline (Julie Depy) de Francia se conoce en un tren. Juntos recorren, durante una noche, las calles de Viena, pues ambos deben continuar al día siguiente rumbo a diferentes zonas geográficas. Su recorrido incluye inocentes aventuras y pláticas filosóficas sobre preocupaciones propias de los veinte años. Se enamoran y prometen volverse a encontrar un año después, sin intercambiar números telefónicos. La película que habría que ver durante la crisis-de-los-treinta es la secuela, Before Sunset, que al español se traduce Antes del atardecer. Aquí Jess viaja a Francia a presentar su libro pues, después de todos esos años se ha convertido en escritor. Durante su visita se reencuentra inesperadamente con Céline, quien asiste a la librería donde él dará autógrafos. El espectador descubre que no se vieron un año después de su encuentro en Viena como lo habían prometido. En esta segunda película, Jesse debe tomar un avión justo al atardecer, por ello, se apresuran en ponerse al día contándose todo lo que ha sucedido en aquellos años, es así como la conversación -naturalmente filosófica entre ellos- discurre sobre inquietudes de treintones: las responsabilidades, el matrimonio o la soltería, la profesión, el trabajo, el desencanto, los cambios en el cuerpo y, por supuesto, el amor. La posición de Céline ante la vida es por el momento desesperanzada: tras haber sido (y seguir siendo) una idealista,ahira tiene que enfrentarse a la crudeza de la realidad. Escucharla resulta familiar para cualquier joven adulta de temperamento sensible.

 
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