domingo, 27 de septiembre de 2015

Váyanse todos a la mierda

Tercer intento de escribir la entrada de un diario ausente: todo es extraño hoy. El eclipse. La luna de sangre. Los sentimientos sin filtro. La noche que no acaba. Las voces que no se apagan. La visita extranjera que me ha hecho cuestionar, me recuerda a mi origen, al origen de las cosas, al origen de los tiempos, al origen de las palabras, antes cuando los humanos hablaban el mismo idioma. Y luego la caída. Esa Babel descarnada. Ese holograma de sensaciones, de personas, de realidades ilusorias. Esas sonrisas vacías. Ese baile de máscaras. 

Quisiera que ésta fuera mi nota suicida. Si ésta fuera mi nota suicida no la volvería a leer. Que rico poder mandar todo a la chingada. No volver a saber de los desfiles de bufonerías grotescas, de los conflictos de intereses, de la estupidez del humano promedio -yo incluida-, del irreal transcurrir del tiempo, de los quehaceres banales impuestos por el yo tirano que vive dentro de una. Dentro de mí. Digo "tirano" y no "tirana" sólo por decir algo, porque hablo una lengua que denomina a la generalidad siempre en masculino, pero mi yo interno no tiene género, mi yo interno no es totalizante, mi yo interno no cree sólo en blancos o en negros. Mi yo interno tampoco tiene vista para percibir los colores, ni ego para enfrentarse a otros egos. Mi yo interno es tan simple, tan nimio, que solamente es. Y está cansado de ser. Está cansado de despertar todos los días cansado, con un "propósito" que alguien, no sé quién demonios, impuso sobre mí. Quien haya sido el hijoputa me hizo creer que eran mis deseos, que eran mis "propósitos", que el orden, el orden, el control, el Orden, el dogma, el absoluto, la verdad. Todas esas chingaderas que proclama el colectivo, la mentira terrena, el Gran Otro. Todos esos sistemas que ponen pistolas en las sienes de lo espontáneo y del desapego y de la claridad y de los seres que en otro contexto podrían (debieran) ser seres libres. 

El alma que no sabe lo cansada que está de mentiras, pobrecita alma, no tiene ni puta idea de lo cansada que está de mentiras. Farsa prehistórica, siglos y siglos de vivir el engaño. Siglos de humanidad de mierda. Siglos también de nobleza proyectada en las notas suicidas de los seres lúcidos que, como yo, esperan la caída de la noche para meterse en la cama a llorar hasta vomitar (y otra vez uso el masculino sólo por decir algo, porque decir "seres lúcidas" es igual de pinche totalizante y culero), seres que un día despertaron como yo, siendo incapaces de soportar tanta falsedad. Seres débiles y de espíritu enfermo como yo esta noche porque una vez más estoy al borde del suicidio. Soy negativa y el mundo me sonríe y me pregunta: ¿Por qué tanta oscuridad? ¿Por qué darle importancia a la tristeza? ¿Por qué quedarse instalado en el dolor y en la sombra? Digo "instalado" y no "instalada", comienza a gustarme el uso de los sustantivos masculinos como la única forma castellana de utilizar un género neutro para referirme a mí, para ser otra persona, una que, como siempre, no entra en etiquetas, no es parte de ningún género, ni de ningún grupo, ni parte de nada, no pertenece al mercado objeto, es inclasificable, está siempre al margen de la consideración de los que palomean y tachan: este sí, esta no. 

Y yo siempre no. Yo siempre rara. Yo siempre sola. Yo siempre mierda. Yo siempre incomprensible porque nadie quiere comprender lo que no le conviene, lo que le incomoda, nadie quiere verse en el espejo y ver un rostro desfigurado. Ésa es la vida sobre esta tierra: un pinche rostro desfigurado cubierto con un antifaz de terciopelo para no incomodarse mirando su imagen monstruosa y desproporcionada. Mi imagen es igual de monstruosa y desproporcionada, pero yo no la cubro, yo confronto al espejo, me han sangrado los puños al intentar acabar con esa imagen magra de mi desnudo. De mi fealdad humana como la de todo humano. Y al caer en añicos el vidrio en el que me reflejo, he comprendido que el reflejo es una ilusión, he decidido que una vez fuera de la ilusión estamos solos. Estás sola. Que es muy fácil pensar en tomar uno de esos trozos de vidrio y abrirse grietas en cualquier arteria del cuerpo, para desangrarse y morir a la vez que se mata al espejismo, y morir, morir, morir. Cómo quisiera que ésta fuera mi nota suicida. Pero estoy inmersa en la quimera, tan ahogada de pretextos para seguir sufriendo lo insufrible, tan cargada de esperanzas insostenibles, que me he preparado un plan de supervivencia: "rómpase en caso de ideación suicida". Me he entrenado para contar hasta cien, respirar con parsimonia, ser consciente del ahora, mandar todo a la verga de una forma diferente, casi inocente, más destructiva que auto-destructiva, como por ejemplo -y me vale madres si no lo entiendes-, escribir esta nota, en lo que se me ocurre una melodía, una clave, un tótem, una contraseña que me haga despertar de la pesadilla que llamamos vida, y encontrarme suspendida en un tiempo sin tiempo, en un espacio sin espacio, en un yo sin cuerpo, en un yo sin yo.

1 opiniones:

Alberto dijo...

¡Quiúbole! leí tu obra titulada "Váyanse todos a la mierda", me gusto, lastima que no podré irme a ala mierda por que ya estoy en ella, o mejor dicho, soy uno con la mierda... me identifico contigo sonsa, será que nos cortaron con la misma navaja... en fin, tal vez siga leyendo todas las tonterías que escribes, tal vez no; pero independientemente de eso te mando un saludo y te deseo lo mejor, o lo peor, o lo que sea (eres de esas personas raras a las que no se sabe que decirles).

Atte: Él, el azul de un cielo nublado y moribundo.

 
design by suckmylolly.com