martes, 25 de enero de 2011

¡Sobrepoblación de escritores!

"Publicar no es parte esencial de un destino literario"
-Emily Dickinson

El número de publicaciones de libros se ha multiplicado por mil en Latinoamérica (antes se publicaban 36 mil libros, ahora 36 millones). Los índices de publicaciones suben, mientras los índices de libros que se leen al año disminuyen. Hay escritores, pero no hay lectores. ¿Entonces, cuál es el negocio editorial en Latinoamérica? ¿Justificar presupuesto gubernamental? ¿Pasearse presentando un libro –aunque sea malísimo- para creerse escritor de neta?
Con los siguientes datos se calcula que en México se edita un libro cada segundo. Esto significa que, aunque cada individuo leyera un libro por día, aún se estarían dejando cientos de libros sin leer:
PAÍS
POBLACIÓN
LIBROS QUE SE EDITAN AL AÑO
LIBROS POR PERSONA
Brasil
193.017.646
40.000
4825
México
103.263.388
17.000
6074
Chile
17.094.275
5.000
3418
Perú
28 220 764
3.000
9406
Ecuador
14.233.900
3.000
4744
No culpo a los gobiernos ni a los escritores, sino a los mecanismos con que funciona la era moderna: el error inició en el momento en que “ser escritor” se entendió como un oficio, cuando el escritor debería ser más bien una especie (en el sentido de que uno es escritor -diría Tarantino o diría Reiner María Rilke- por naturaleza, porque así se nace, un poco a la manera de los idealistas, quienes trabajan por meras motivaciones intrínsecas).
Total que a mi entender, el escritor pedigrí,  el que escribe innatamente y produce literatura día a día sin pretensiones de ningún tipo, simplemente porque si no escribe se muere; ése, es hoy parte de una especie en extinción, mientras una gran cantidad de falsos escritores -quienes para rematar ni siquiera son buenos lectores- llenan el mercado (o los polvorientos almacenes) de los países tercermundistas.
Y nadie escapa a esta observación, yo misma me he preguntado: ¿de verdad soy escritora?, ¿soy lo suficientemente buena para justificar la tala de árboles que un tiraje de libros ocasiona? (suena mamón, pero los tiempos no están para olvidarnos del medio ambiente). Y es que -también como entes posmodernos- hemos sido educados para no renunciar a nuestros ideales. Mas tendríamos que ser muy sinceros con nosotros mismos para aceptar que tal vez en el pasado escribimos un libro de cuentos, un poemario o una novelita medianamente buenos, que quizás hasta tenemos premios nacionales, pero que ya no volvimos a escribir ni en cantidad, ni en calidad (ojo: dije escribir, no publicar) y esto sea quizás una señal de que, vaya, no somos escritores (inserte aquí carita triste).
Mi consejo -que seguiré yo misma-, es continuar produciendo literatura, pero manteniendo nuestro trabajo en observación constante, dejando que el tiempo decida y, como dijo el buen Borges que le dijo su padre, no apresurarnos a la publicación. Es fácil caer en la trampa del ego, un libro con nuestro nombre en la portada es la consumación de un sueño que se nos metió a la cabeza quizá desde que éramos niños, pero si no somos pacientes, autocríticos, esto puede resultarnos en un arma de dos filos, dándonos a conocer como patéticos escribidores.
Lo que es realmente digno de reconocerse, tarde o temprano sale a relucir por sí solo y queda grabado en la memoria histórica de la humanidad, así como, por el contrario, no todo lo que brilla es oro. Seguid escribiendo, hermanos escritores, pero no sin un sano recelo de humildad.

viernes, 14 de enero de 2011

Perra Nostalgia (fragmento)

"La Poesía es una santa
...............laica
liberalmente emputecida
hasta el cansancio."


-Efraín Huerta.

lunes, 3 de enero de 2011

Scott Pilgrim VS las viejas formas del cine.

Desde la primera vez que se me anunció Scott Pilgrim VS the world, me llenó de curiosidad, aunque mis expectativas como degustadora de cine la juzgaron más o menos al mismo nivel de 500 Days of Summer: una peli que por obvias razones enamora a todo el público joven, cuya estética y las constantes alusiones a usanzas postmodernas alternativas la hacen contemporánea y anti-mainstream, pero que no tiene mayor valor cinematográfico.

Y con Scott Pilgrim me equivoqué. No la vi en el cine cuando estaba recién salida del horno, sino en mi casa con el DVD recién salido del buzón (¡gracias, Netflix, por existir!). El flechazo fue inmediato y no pude parar de verla una y otra vez (como cuando uno regresa y regresa su track preferida de un disco). Incluso la obsesión se ha extendido y ahora estoy buscando la colección de cómics -por buen precio- en el eBay. Ya que, ah sí, el film está basado en una novela gráfica del mismo nombre, creado por un dibujante canadiense de raza oriental llamado Bryan Lee O'Malley. Es por eso que si habían notado en la película algunas reminiscencias del cómic clásico, el manga, el ánime y el videojuego: compañeros, estaban en lo correcto.

También hay que aplaudir a Edgar Wright, director de la cinta. En lugar de hacer una película basada en un juego de video, Wright se aventura a lo contrario: hace un videojuego sobre la vida y lo lleva al cine. Es decir, que hasta antes de Scott Pilgrim, los filmes basados en juegos como Tron, Mario Bross o Mortal Kombat, mantenían a los personajes en un mundo de ciencia ficción pura. Mas no pasa así con Scott Pilgrim VS the World, donde se plantea la posibilidad de que todo lo que vivimos pueda ser un juego virtual en el que nosotros controlamos nuestro destino.

Así el videojuego se convierte en una alegoría de la vida. La vida, entonces, obedece a las reglas generales de los juegos virtuales de todos los tiempos (desde las maquinitas de la tienda de la esquina, hasta los complejos PS3 modernos).

En la película, el personaje de Scott Pilgrim (Michael Cera, el actor hispter por excelencia) abre la alegoría mencionando un dato curioso sobre Pac-Man (el pionero de los videojuegos) subido él mismo en una consola de Pump It Up (juego interactivo que indica pasos de baile). Luego, la historia se desarrolla y en algún punto llega el enemigo a retar a nuestro héroe. Algunas peleas son como en Mortal Kombat, Street Fight3er o King of Fighters, con sus movimientos, sus combos, sus poderes; mientras otras son más como Star Wars o God of War II (espadas, látigos, etc). Cuando el segundo ex-novio malvado baja el barandal con la patineta, recuerda a juegos como Skater u otros del tipo de carreras donde uno patinaba, manejaba o andaba en motocicleta. La guerra con los gemelos Katayanagi es casi una partida de Guitar Hero, DJ Hero o Rockband. Durante el clímax de la película, es como si Ramona fuera la princesa de Mario Bross raptada por el malvado Kupa. Y en fin, todo lo demás: que el personaje avance de nivel, que gane puntos -monedas- y vidas -1UPs-, que regrese hasta el principio cuando pierde, son todas reglas básicas de cualquier videojuego.
Y en realidad de eso se trata la vida misma, de un juego donde debemos avanzar, pelear y aprender de nuestros errores para que la próxima vez, cuando “empecemos de cero”, podamos corregirlos, hacernos expertos en el problema y llegar victoriosos al final, luego de haber ganado todas las batallas contra el destino.

Alguien quien nunca jugó videojuegos y que gusta más del cine clásico, no apreciará esta movie. Por eso creo que no ganará ningún premio y no se convertirá en un film aclamado por la Academia. Y es que resulta ser el reflejo de toda una generación, de la mía, de la de O'Malley, de la de Wright y de la de Cera: la música garage, el cosplay, lo punk con lo gótico, con lo industrial, con la ternura del ánime, la cultura popular contemporánea, la estética de lo geek y del looser como ente cool, la apertura de mente ante la homosexualidad, el humor inteligente, el amor obsesivo, el slang postmoderno, el colorido, el uso del amazon.com, el e-mail y los mensajes de texto, el gusto por lo irracional, la comedia mezclada con romance mezclada con película de acción.

En mi opinión Scott Pilgrim VS the world es una obra revolucionaria y se convertirá en un referente del cine de principios de siglo, pues homenajea a los primeros juegos electrónicos que seguramente en el futuro serán mucho más sofisticados. Así que quizá el acierto innovador de Edgar Wright no sea tanto técnico, sino más bien un accidente que gracias a sus gustos, lo llevó a crear una estética inspirada en la cultura alternativa de los 90s y los 2000s. Todas estas referencias generacionales pueden ser oscuras para varios tipos de personas (gente mayor que no vivió estos avances tecnológicos, o chavos de nuestra edad quienes crecieron más bien segregados), pero sé que muchos de ustedes, que son más parecidos a mí -por el simple hecho de estar frente a un computador leyéndome-, podrán jurar que la película fue hecha a su medida.

 
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